Eugenia Codina Desde mi ventana

domingo, 8 de abril de 2018

La hipotética muerte de la corbata

El Diario de Miss Codina

En mi búsqueda de temas que motiven a los estudiantes a aprender español de los negocios, que no salgan de la serie Narcos, me topo con artículo sobre la nueva y la vieja generación de millonarios de nuevas tecnologías: Steve Jobs, Bill Gates, Larry Page, Jeff Bezos, Elon Musk.
Y es que estoy un poco harta de que consideren a Pablo Escobar como un hombre de negocios digno de encomio.
El mensaje que les quiero hacer llegar es que ser emprendedor es ser creativo: - Fijaros en Elon Musk: es un creador de ciencia-ficción, - les digo- , Julio Verne solo podía escribir sobre tecnologías que no existían aún, en cambio Musk las puede hacer realidad.-
Con estas intenciones les reparto las biografías de estos emprendedores del siglo XXI. Después de luchar con el vocabulario y el consabido pretérito indefinido, uno de los estudiantes más jóvenes y más resalao, me dice - Yo lo que veo es que la mayoría DEJARON LOS ESTUDIOS. Es decir, que con un año de carrera tengo bastante para ser multimillonario como Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg-, y se queda tan ancho.
Vaya, alarma, este no era el mensaje que yo les quería hacer llegar. Lanzo mi argumentación en contra de esta, a todas luces, mala idea. No, no es verdad. Mark Zuckerberg estudió en Harvard.

Así que me pongo en plan pitonisa y les digo: - Quiero que sepáis que Marck Zuckerberg será el próximo presidente de los Estados Unidos. Primero, porque lo sabe todo de todos nosotros y segundo porque encarna el emprendedor multimillonario con maquillaje social, tan actual en este siglo de hipsters en búsqueda de autenticidad y sostenibilidad pero sin olvidar el comfort. Y además, os puedo predecir que será el primer presidente en jurar su cargo en camiseta gris, arruinando con este gesto el sector de la corbata, la cual quedará obsoleta. De la misma manera que John Kennedy arruinó la industria del sombrero al no ponérselo al jurar el cargo, tal como era la tradición.  Hasta aquel momento, los presidentes eran investidos llevando sombrero de copa.  Así, que ya podéis ir cerrando apuestas. Dentro de diez años, cuando Zuckerberg se presidente podréis decir que lo oísteis en la clase de español por primera vez.-

Creía que no me escuchaban porque la mayoría estaba mirando el ordenador pero al terminar mi perorata me dijeron varios que no era verdad que John Kennedy hubiera acabado con el sector sombreril sino que esto era una leyenda urbana.

Habían estado buscando en Google mientras yo hablaba.

lunes, 24 de abril de 2017

Negro

El Diario de Miss Codina

24 de abril, 2017

Hoy ha salido la palabra negro en la clase.  La lección era sobre la descripción física de personas. Tenían que aprender: es rubia,  es morena,  lleva el pelo largos,  lleva gafas, tiene el pelo rizado, lleva barba, etc.

El problema ha surgido al hablar de ¨ojos negros¨. La palabra ¨negro¨ ha levantado un rumor en la clase. Es un grupo de unos treinta estudiantes, de los cuales, uno quince son de alguna variante entre moreno de piel y negro africano. El grupo está formado por finlandeses (extremadamente rubios), una chica medio polaca, una chica medio filipina, una chica medio italiana, afganos, libaneses, shrilankeses y holandeses.

Uno de los estudiantes, de evidente ascendencia africana, me dice que la palabra `negro` es racista. Otros chicos, no tan oscuros de piel, me preguntan inocentemente: ¿yo soy negro?. Rebelión en las aulas.  Les explico que la  palabra negro en español se refiere al color como tal y que la palabra no tiene la connotación despectiva del americano "niger"  o "negro", que es en lo que ellos están pensando.  Les explico que seguramente el inglés americano cogió la palabra en español que fue derivando en esta forma pero que la raíz de la palabra es la descripción del color, como blanco o azul.
No parecen muy convencidos, y la verdad es que no les culpo. 
No es fácil ser negro en una sociedad donde aún no hay una clase media negra, una sociedad en la que sea normal que el médico, el electricista o el vendedor de muebles sea negro. Estos chicos y chicas llevan tras de sí toda una cultura de ex-colonias, de ciudadanos holandeses, sí, pero de serie B. Los comparo, no muy correctamente por mi parte, con mis colegas africanos, aquí en la universidad, procedentes de  Nigeria y Zimbabwe, profesores de derecho y de economía. La diferencia es muy clara: los africanos saben quiénes son, su identidad es muy clara. Forman parte de la clase media de su país y ahora residen en Holanda. En cambio, los chicos que crecen en este país, con pocos modelos en la clase media a seguir, buscan su identidad en el grupo, en su moda, en su ser diferentes, en su reivindicación. 
En el fondo, no se han liberado de un cierto complejo de inferioridad, algo que los nativos de Africa no tienen. Ellos son ciudadanos de pleno derecho en su país y aquí son ex-pats. En cambio, los jóvenes que crecen en Holanda como parte del grupo de ex-colonias holandesas como Surinam y las Antillas holandesas no se sienten ciudadanos de pleno derecho en esta sociedad que les sigue considerando diferentes.
En este sentido, Barak Obama, ha significado un gran paso adelante. Les ha dado un modelo de dignidad y prestigio en el que reflejarse. Ahora les digo: decimos que Obama es el primer presidente negro. Y más guapo, con más clase y con más talento que Obama hay pocos. Lo mismo vale para su mujer, Michelle Obama, un modelo de mujer para las chicas que están luchando para salir adelante en un mundo en el que son excepción.

sábado, 22 de abril de 2017

Multitasking

El Diario de Miss Codina

21 de abril, 2017

Me encuentro en la escalera de la escuela con S., una profesora de Business Law que no llega aún a los treinta años. Sube la escalera cojeando. Le pregunto que le pasa: tropezó por la calle porque iba andando a la vez que tecleaba un mensaje de texto y no vio la acera.
Mientras me cuenta su accidente provocado por el multitasking, se nos cae encima un estudiante  de primero que, enfrascado en teclear un Whatsapp, no nos ha visto paradas en medio de la escalera.

El signo de los tiempos.





jueves, 20 de abril de 2017

El móvil ha ganado


El Diario de Miss Codina
20 de  de abril 2017

Una vez más he comprobado que en el aula hay actualmente tantos smartphones como alumnos. Algunos estudiantes han desarrollado la destreza (digna de más noble causa) de mirarme fijamente mientras hablo, a la vez que van tecleando Whatsapps con las manos escondidas bajo de la mesa. Mira que tiene mérito.
Como no había dado clases en diez años, esto es antes del advenimiento de BYD (bring your own device-con el portátitl a todas partes), no estoy acostumbrada a que un estudiante esté mirando la pantalla de su portátil fijamente en lugar de mirarme a mí mientras estoy explicando algo. Ayer le llamé la atención por esta razón a un chico de la primera fila, uno de los pocos estudiantes que viene a todas y cada una de mis clases, el cual me miró con cara de total incomprensión. La razón es que estaba tecleando todo lo que yo decía.  Y voy y le meto bronca. Pero claro, ¿cómo iba a saber yo que me estaba escuchando si parecía que estuviera publicando en Facebook?
Lección de hoy: el hecho de que un estudiante te mire o no te mire ya no indica nada sobre la atención con la que te está escuchando.

miércoles, 19 de abril de 2017

La desaparición del bolígrafo


El diario de Miss Codina
19 de abril 2017

Ayer me enfrenté de nuevo al hecho de que soy una mujer del siglo pasado.
Tenía exámenes orales de español con. aproximadamente,  unos cuarenta estudiantes. Al entrar en el aula, les pedía que escribieran su nombre en una lista de presencia. Ninguno de ellos llevaba bolígrafo, rotulador, lápiz o cualquier otro medio analógico para escribir. Todos y cada uno han tenido que coger prestado mi bolígrafo.
Y en la clase de esta mañana me ha acabado de convencer  de lo obsoleto que es el bolígrafo para la generación de veinte años. Quería hacer un ejercicio para practicar las preposiciones que consistía en que un alumno dibujara una escena que el otro le dictaba (usando las preposiciones de lugar). ¡Ninguno llevaba bolígrafo!.
Me estoy replanteando cómo dar clases después de estas revelaciones.

martes, 18 de abril de 2017

Más nombres

El diario de Miss Codina


18 de abril 2017



El tema de los nombres propios de los jóvenes actuales me sigue fascinando. Cada día me vuelve a sorprender la variedad de nombres propios que oigo. Voy viendo que es un buen sistema para poner a prueba tus prejuicios. Si crees que Yoshi es el nombre de un chico japonés, te puedes equivocar del todo. El tal Yoshi es un sanote holandés de dos metros con cara de angelito. Sin embargo, sí que veo que hay nombres típicos Mohamed o Hussein que, hasta ahora al menos, solo he visto en chicos de origen árabe o norteafricano pero no al contrario, es decir, aún no he encontrado un chico holandés rubio y de mejillas sonrosadas que se llame Mohamed.
El único nombre que hasta ahora veo repetirse en todos los cursos que doy es Cris, Cristian o Christian, es decir el nombre "cristiano"  en todas sus variantes.  No sé si es casualidad o es indicativo del posicionamiento de los padres que quieren reafirmar su cristiandad en una ciudad como Róterdam donde desde hace ya años el nombre que aparece más veces en el registro civil del ayuntamiento es Mohamed.
Huelga decir que esta es una impresión mía puramente intuitiva porque no he hecho ninguna investigación seria sobre el tema de los nombres. No sé si las estadísticas me darían la razón.

domingo, 16 de abril de 2017

Nombres

Diario de Miss Codina 

 13 de abril 2017

Esta mañana. Para ir  al departamento de español tengo que subir dos pisos. Eso está bien, así hago algo de ejercicio. Al llegar a la segunda escalera voy ya resoplando. Oigo unos pasos rápidos detrás de mí. Un jovencito cargado con una mochila me adelanta botando como una pelota de tenis en cada escalón. Ha subido en tres segundos, mientras yo no puedo dejar de pensar en mis rodillas.
Son esas cosas las que me recuerdan la edad que tengo.

Esta tarde he dado la primera clase. Los alumnos son todo chicos. Veo que hay algún nombre de mujer en la lista pero la verdad es que no distingo si los nombres son de hombre, mujer o pollo. Les he pedido a los estudiantes presentes que escriban su nombre en una hoja de papel y lo pongan bien a la vista para que pueda aprenderme los nombres. Les he tenido que pedir que lo escribieran con un rotulador grueso porque si lo escriben con bolígrafo no puedo leer a esa distancia.
Leo los nombres con estupor: Marlon, Yannick, Joshi, Yosha, Eli, Eloy, Le Var. Han desaparecido los tradicionales hombres holandeses como Johan, Dirk, Kees, Adrie. Al menos, estos eran los nombres que yo había oído durante los treinta años que vivo en este país.  Me fijo en la lista para ver si los apellidos son tan exóticos como los nombres pero no, son todos portadores (al menos, el grupo que está ahora en la clase) de apellidos tan raciales como van den Berg, Dekker o Jansen que son el equivalente en español a García, Pérez o Martínez.

Bueno, la verdad es que tampoco sé si escribo los nombres bien porque otra gracia de los nombres modernos es que los padres deletrean el nombre de que les ponen a sus hijos como les peta.

Creo que me va a costar un tiempo aprenderme todos estos nombres de memoria.

sábado, 15 de abril de 2017

El diario de Miss Codina: introducción


El año pasado me quedé sin empleo a causa de un despido colectivo en la empresa del sector educativo donde había estado trabajando durante más de veinte años.

La experiencia de quedarse en el paro a los cincuenta es desconcertante. El mundo te grita que ya estás para el desguace mientras que tú te sientes igual que siempre, aún estás flotando en el flow de la vida y el empleo cotidiano. Aún te sientes identificada con el tipo de trabajo que has hecho hasta el momento en que te han despedido, es decir, gran parte de tu identidad e incluso de tu vida social está asociada al trabajo.  Pero he aquí, que en un momento dado, te dicen que no hay trabajo para ti pero que NO es nada personal, que NO tiene que ver con tu rendimiento, sino con el presupuesto, o más bien, la falta del mismo.
Y ahí te quedas, con estos dos mensajes: no te necesitamos pero no tiene nada que ver contigo. Como no tiene nada que ver contigo, te pones a  pedir trabajo pensando que tu valiosa experiencia va a ser útil en el mundo laboral. Craso error. Si a uno no le llegan inmediatamente propuestas de trabajo espontáneamente a través de Linkedin o a través de los conocidos en el mismo sector, quiere decir que te vas a quedar para vestir santos, laboralmente hablando. Estar sin trabajo significa afrontar cartas sin respuesta y desinterés total por tu pasado laboral. Demasiado vieja y demasiado cara son las razones principales, amén de una crisis económica general y un sector que apenas sobrevive en el cambiante siglo XIX.

Después de estar en el paro varios meses he encontrado trabajo como profesora de español en una escuela de negocios, o mejor dicho LA Escuela de Negocios de Róterdam. Los estudios que ofrece estas escuela son en inglés, ya que se trata de International Business and Management Studies.

La experiencia de empezar a dar clases a los cincuenta y pico años es aún más desconcertante que estar en el paro. Un mundo nuevo se abre ante tus ojos.

Este mundo  y su efecto sobre mí es lo que voy a describir en el Diario de Miss Codina. Este es el nombre con el que los estudiantes se dirigen a mí.

domingo, 15 de mayo de 2016

Café con tostadas


Esta mañana he desayunado un café con tostadas. Un desayuno de lo más  normal, digamos. ¿Pero es así?. Tú, querido lector, que has  ¨café con tostadas¨, ¿en qué has pensado exactamente?, ¿qué imagen se ha formado en tu cerebro?. ¿Qué es un café para ti?, ¿y una tostada?. 

Uno de mis ejercicios preferidos es soltar en un grupo de diferentes nacionalidades la palabra ¨café¨  para preguntar después: ¿en qué piensas cuando piensas en "café"?. Es sorprendente la cantidad de versiones diferentes del concepto "café" que puedes llegar a oír. La diferencia estriba no solo en el café en sí, sino también cómo se toma.

¨Un café¨ en España significa una taza pequeña de café,  hecha en una gran máquina espresso en un bar.  Si el café se hace en casa, asumiendo que no se use una Nespresso, se hace con una cafetera cuya marca más conocida es Oroley.  En realidad, la marca ya ha dado nombre a la cafetera debido a su extendido uso en los hogares españoles, tanto dentro como fuera de España.
¨Un café¨ en Holanda significa una taza mediana de un café hecho en una cafetera de filtro. El café se sirve acompañado de algún tipo de crema de leche, azúcar y una galleta. 
¿Y quién no conoce los famosos cafés de Estados Unidos? Perolas de café de filtro que acompañan la comida o perolas en envases de cartón para llevar.

Es decir, que cuando un español le dice a un holandés: - Vamos a tomar un café-,  la imagen en el cerebro del café que van a tomar es en los dos interlocutores muy diferente. No solo piensan en un café distinto, sino que el español piensa que van a tomarse un cafelito apoyados en la barra de un bar, mientras que el holandés piensa que se van a sentar cómodamente en una mesa donde les van a servir café con galletita, van  a estar hablando veinte minutos y luego van a pedir un segundo café.
Nada más lejos de la realidad española en la relación café-tiempo.
España debe ser el único lugar del mundo en el que al pedir un cortado (café espresso con un poco de leche) el camarero te pregunta si quieres la leche fría o caliente. Tomar un cortado con la leche fría te permite beberlo más rápido y salir pitando, que es lo que quieren hacer los españoles, en lugar de enrollarse durante media hora ante una taza de café. 

Otra forma diferente de tomar café es en Estados Unidos, donde se toma tanto sentado en un bar, como andando por la calle, como sentado en el coche, mientras se conduce. Cualquier tiempo es bueno para tomar café, eso sí, preferiblemente en solitario.

Si la palabra café conoce tantas variantes, qué decir de la palabra "pan", sin el cual no se pueden hacer tostadas. Seguro que cada país tiene otro concepto de lo que es el pan. En  Holanda el pan tradicional es de molde, blanco o integral, en España el pan tradicional es pan de barra o de hogaza. En Francia, el pan de barra, estilo flauta, es el más usado, en Turquía el pan tradicional es plano y redondo. En Inglaterra el pan más popular es de molde y blanco, en Alemania es de molde, integral y famoso por su densidad.
El pan conoce diferentes formas y también diferentes usos: es España el pan se usa en bocadillos, en tostada, para mojar en la salsa e incluso, a veces, como cubierto para empujar la comida. ¿Pero como se como pan en una cocina sin tradición de hacer salsas, como la holandesa? El pan de molde se usa para poner queso y embutido encima, una forma de comida rápida durante el día.

Es evidente que todas estas diferencias se han ido difuminando los últimos veinte años. La proliferación de cafeterías tanto en Europa como en Estados Unidos sirviendo espressos y capuccinos es explosiva. Igualmente explosiva es la renovación del sector de la panadería en España, Holanda y otros países europeos. El pan ha pasado de ser el alimento básico a ser un producto de lujo.
Si hay dos sectores en la economía donde la innovación y la globalización es más palpable en estos dos sectores. Es esperanzador ver la vitalidad y la creatividad que se está desarrollando: cada vez se dignifica más la modesta tostada y el famoso cafelito tiene un nivel de calidad que solo va en aumento.

Razón por la cual un desayuno de café con tostadas, aún siendo ligeramente diferente en cada país, sigue siendo imbatible.

viernes, 6 de febrero de 2015

Paul Robeson, el hombre con más talento del siglo XX


Foto de Paul Robeson hecha por Edward Steichen. Tomé la foto durante la exposición Edward Steichen-In High Fashion, the Condé Nast Years, 1923–1937 en la Galería Foam en Amsterdam en el 2014.

El director de cine Steve MacQueen ha anunciado que va a filmar una película sobre la vida de Paul Robeson, uno de los personajes más singulares del siglo XX  que ha sufrido este fenómeno tan curioso de pasar de la fama al olvido más profundo.
El fotógrafo Catalá- Roca cuenta en sus memorias que en el año 1938 Robeson estuvo cantando Els Segadors en el Palau de la Música. Desgraciadamente no han quedado documentos gráficos de este singular evento.
Lo que es fascinante de Paul Robeson es que fue un hombre que luchó toda su vida para sacarse de encima las cartas que le habían tocado al nacer. Su padre aún conoció la esclavitud. A pesar de ello, el joven Robeson fue a la universidad donde se graduó en derecho. No ejerció de abogado a causa del racismo que encontró en el sector. Pasó a dirigir películas y a convertirse en un actor y cantante de éxito. Después de participar activamente en la Guerra Civil española y en el movimiento por los derechos civiles de los negros americanos, fue condenado al más profundo ostracismo por la prensa y la política a causa de su compromiso con el partido comunista americano. Su hijo, Paul Robeson Jr., historiador y albacea de todos los documentos y la historia de su padre, niega que su padre fuera miembro oficial del partido comunista. Fuera militante o no, sus simpatías socialistas le costaron su carrera profesional.
Tengo curiosidad por ver lo que Steve McQueen, un director conocido por su reivindicación de la aportación de la población negra a la cultura americana, hace con la vida de Robeson. Da de sí: fue atleta, abogado, director de cine, actor, cantante y activista político. Vivió en Estados Unidos, en Rusia, en Inglaterra, hablaba varios idiomas. Y además, todo lo que hacía lo hacía bien. Big Paul, como le llamaban, también era conocido como "el hombre con más talento del siglo XX". ¡Llegó a cantar en veinte idiomas, incluido el catalán! Era un hombre que se hizo a sí mismo y rompió el molde.

Esperemos que McQueen esté a la altura de Big Paul.

viernes, 9 de enero de 2015

Un resfriado holandés

Estoy resfriada. Me pica la nariz, me lloran los ojos, me duele la garganta. Siento la cabeza embotada con un leve pero pertinaz dolor de cabeza. A esta hora de la tarde ya me he tomado tres paracetamoles. Después de tomarme uno me siento bien durante una hora e incluso pienso que ya voy superando el resfriado,  una  ilusión que pasa junto al efecto del paracetamol.
En este momento noto que me está bajando su efecto benefactor. En la nariz noto esta sensación de estornudo que no llega a su culminación por la vía normal y me sube por el ojo, transformándose en lágrima. Aún me quedan varios días de resfriado porque empecé hace solo dos días y por experiencia sé que un catarro dura al menos una semana.

La última vez que tuve un resfriado de esta categoría, estaba en Barcelona. A pesar de las molestias salí con una vieja amiga barcelonesa. Mientras tomábamos un té, se sorprendió de mis ojos llorosos y mi moquera. Me preguntó que qué tomaba para curarme el resfriado. Yo le dije que nada, que qué iba a tomar. Que ya sabemos todos el cliché de que ¨ la ciencia puede enviar un cohete a la luna pero no puede curar el resfriado común¨. Cómo que no, me dijo ella. Vas a la farmacia, te compras un antibiótico que te tienes que tomar tres días y listos. Yo le contesté lo que hubiera contestado cualquier holandés: - No puedo comprar antibiótico porque no tengo receta. Tendría que ir antes al médico de cabecera-.
Me dijo que no mujer, que no hace falta. Te acompaño a la farmacia y lo compramos.
Efectivamente, fuimos a la farmacia más cercana donde, ante mi asombro, sin preguntarme si tenía receta o si había ido al médico me dieron una caja de antibióticos, previo pago de una cantidad que ahora no recuerdo. El antibiótico me fue de maravilla porque la cabo de tres días me encontraba mucho mejor.
El asombro que experimenté en la farmacia provenía de que en Holanda sería imposible una transacción de este tipo. Para empezar, los medicamentos están muy controlados y las farmacias solo dispensan las tabletas exactas que ha prescrito el médico. Si el médico ha recetado diez tabletas, la farmacéutica las cuenta, las pone en un frasco y hace una etiqueta con tu nombre y  la información de la receta. No es por nada que ir a la farmacia en Holanda puede durar un rato largo porque tienen que atender a cada cliente individualmente, leer la receta, ir a la rebotica, contar las pastillas  o poner el jarabe en su botella correspondiente e imprimir tres páginas de instrucciones por medicamento.
Al ver cómo funciona este sistema me ha llevado a pensar que el problema de la sanidad en España se solucionaría si se introdujera esta sobriedad en dispensar medicinas.
La sobriedad no atañe solo a las farmacias. Los médicos son reacios a medicar para males menores. El paracetamol es en Holanda como la poción mágica de Asterix: sirve para todo, especialmente para evitar dar antibióticos, si no es estrictamente necesario. A veces el médico de cabecera dice: ¨si quiere le doy algo más fuerte pero si pasa con una aspirina y descanso mejor. Si se sigue encontrando mal, vuelva a verme que le daré antibiótico". Esta última palabra la dice como si le arrancaran una muela.

Así que mi destino de los próximos días es sonarme la nariz, abrigarme bien, tomarme un paracetamol con un té caliente y esperar a que la naturaleza siga su curso porque de la clase médica y paramédica holandesa no puedo esperar nada.






viernes, 19 de diciembre de 2014

SantaCon de San Francisco a Barcelona

Alarmante cantidad de Santas subiendo por una de las calles de San Francisco (foto Isabel Koopman

Mi hermana, que vive en San Francisco, me envía estas fotos que ha tomado con su móvil. La ciudad se encontraba el pasado sábado prácticamente invadida por Papás Noeles. Este fenómeno llamado Santacon, ya se ha extendido a muchas ciudades de los Estados Unidos y, ahora,  a Europa.

La invasión de Santas (que es como les llaman al Papá Noel en Estados Unidos) ha llegado ya a España. Concretamente, mañana 20 de diciembre hay un Santacon convocado en Barcelona (empieza a las 2 de la tarde en Arc de Triunf, ver página en Facebook).

El Santacon se organizó por primera vez en 1994 como una forma lúdica de ridiculizar la comercialización de las fiestas de Navidad. Y es que en Estados Unidos las Navidades se toman muy un serio. Es el gran momento del comercio ya que el intercambio de regalos llega al límite del absurdo: vecinos, colegas, amigos, gatos y perros, todo el mundo recibe regalos. Para no hablar de la profusión de decoraciones navideñas que se extienden desde los camiones de los bomberos hasta los "sintecho¨ que piden limosna con el gorro de Papá Noel calado hasta las cejas.

Y naturalmente, el absurdo pavo, que no es que sea absurdo por ser pavo sino por su tamaño. Las casas americanas están armadas con enormes hornos en los que poder asar el ¨pájaro¨ como ellos le llaman. Los americanos están ya conformados en que van a tener que llevarse el táper con ensalada de pavo al trabajo durante dos semanas. O comer bocadillo de pavo en sus diferentes variantes. Porque la realidad es que por grande que sea una familia es incapaz de comerse a un brontosaurio con alas.
Dicho esto,  a pesar de la comercialización, de la obligación de hacer regalos hasta al tendero de la esquina y de la excesiva presencia de pájaros gigantescos en las mesas, nunca me he divertido tanto en Navidades como en San Francisco. Los americanos no tienen rubor en entrar totalmente en el espíritu de las fiestas. No se cortan nada en ponerle una diadema de reno al perrito o en ponerse los famosos (y ahora tan de moda) jerseys con motivos navideños. Y esto es lo que hace que estas fiestas sean tan simpáticas y despreocupadas.


Ejército de Santas en un centro comercial de San Francisco

Tampoco es de extrañar que fuera en esta ciudad dónde se iniciara esta performance lúdica. San Francisco es una ciudad pionera en ¨everything goes¨, es decir, todo puede ser y todo es admisible. Los sanfranciscanos han logrado encontrar cierto equilibrio en las rarezas de los vecinos que pueden ser de cualquier color, nacionalidad, religión u orientación sexual. Como algún sanfranciscano me dijo una vez: ¨Aquí somos todos refugiados políticos del resto del país¨. Así que, si hay una ciudad a la que se le ocurriera darle un viraje surresalista a la frase ¨Santa is coming to town¨ (Papá Noel ha llegado a la ciudad) interpretándola literalmente, tenía que ser San Francisco. Los sanfranciscanos solo se quejan de que el Santacon se haya convertido en una borrachera multitudinaria que empieza ya a las 10 de la mañana. La policía no da abasto a arrestar Santas borrachos y borrachas para que duerman la mona en comisaría. Y los dueños de los bares de la zona no dan abasto a limpiar los lavabos de vómitos. En resumen, si uno no va de Santa es mejor que se quede ese día en casa.



miércoles, 17 de diciembre de 2014

El destino de la línea 4


El tranvía 4 recorre la ciudad de Róterdam de punta a punta

Solo hay un tranvía que llega hasta mi barrio, la línea 4. Recorre la ciudad de punta a punta en un trayecto de hora y media. Durante este recorrido la fisonomía de la ciudad va cambiando acorde con los barrios que va cruzando.
El tranvía sale de Marconiplein que está en el barrio de  Delfshaven.  Delfshaven se divide entre dos zonas: una con vidilla cultural, teatros, restaurantes,  un puerto antiguo y los canales típicos del paisaje holandés y la otra, la que se caracteriza por la variedad y diversidad de nacionalidades. Desde el tranvía se ven los supermercados chinos-indios (a partir de aquí les llamaremos tokos, que es como se autodenominan), colmados regentados por familias turcas, peluquerías caboverdianas para pelo afro, boutiques con saris y hennas, zapaterías con gran profusión de chancletas doradas, cafés de pipas de agua colindantes con otros cafés estilo El semáforo, donde panzudos holandeses  fuman afanosamente ante la puerta entreabierta por donde sale un fuerte olor a cerveza y a moqueta sucia. Los viajeros que suben y bajan durante este recorrido llevan chilabas y las mujeres, además, jihab. Otras pasajeras llevan esos complicados peinados afro que son un verdadero alarde de peluquería creativa.

En el Nieuwe Binnenweg se encuentran las tiendas más curiosas de la ciudad

La línea 4 se acerca al centro de la ciudad subiendo por el Nieuwe Binnenweg, una larga calle que recorre todo el casco antiguo. Esta es una zona esponjada con tiendas de diseñadores independientes, talleres de orfebres, restaurantes foody y locales en los que no se sabe exactamente qué venden.
A medida que el tranvía se va parando ante las tiendas shabby-chic típicas de la zona, suben y bajan mujeres de mediana edad con el pelo blanco corto, ropa de diseño escandinavo y gafas de colores. En estas paradas también se materializan a veces jóvenes hipster e incluso algún gótico.

Una vez el tranvía llega a la Station Centraal (la estación de trenes recién estrenada en 2014 y el orgullo de la ciudad) el público se convierte en un batiburrillo de todos los colores, olores, edades y sexualidades. Y se llena de bote en bote.
Ya saliendo del centro bien cargado de gente,  la línea 4 enfila hacia el llamado Oude Noorden, es decir, el antiguo norte de la ciudad. Vamos dejando atrás los gimnasios pijos y las escuelas de diseño del centro para adentrarnos de nuevo en el mundo de los coffeeshops, los tokos, las peluquería afro, los colmados de Anatolia y las chancletas doradas.


Parada de la línea 4 en el Oude Noorden

Una vez pasados dos supermercados tamaño jumbo con precios mini, el barrio Oude Noorden termina abruptamente al llegar a la Station Noord, la frontera entre los pobres y los ricos. En esta pequeña estación de tren empieza el barrio de Hillegersberg.
Este barrio había sido un pueblo a las afueras de la ciudad de Róterdam, pero ésta ha ido creciendo tanto que ha engullido a Hillegersberg y otras localidades de los alrededores. Para ser exactos la ¨anexión¨ la realizaron los invasores alemanes durante la guerra  (1940-1945)  porque querían ciudades lo más grandes posibles en honor del Führer.

El recorrido del tranvía 4 por el barrio de Hillegersberg, que es donde termina su recorrido, es poco menos que triunfal. El tranvía serpentea plácidamente dejando mansiones, parques, chalés y canales a derecha e izquierda. Ahí sí que el cambio en la población es evidente. Para empezar el tranvía va medio vacío. Solo quedan parejas de mediana edad bien vestidas, jovencitas con ortodoncia, adolescentes guapos aunque pasto del acné, mujeres cargadas con compras hechas en el centro,y jubilados con pantalón a cuadros y pullover amarillo. También hay variedad étnica pero no son ya los clientes de las zapaterías de chancletas doradas. Se ve a una japonesa  cargando una funda de violín, a americanos de la American School que se encuentra dos paradas más adelante y algún español,  o algún francés que vive por esta zona muy solicitada por los ex-pats que solo se quedan una temporada viviendo en Róterdam.

Así de vacío va el tranvía  4 llegando a Hillegersberg

Ahora voy a confesar mi secreto: cuando subo a un tranvía lleno en, digamos, la estación central, me planto al lado de los asientos ocupados por los potenciales clientes de los tokos o de los bazares. Solo tengo que esperar que el tranvía llegue al Oude Noorden para poder sentarme.  Como si de un Triángulo de las Bermudas social se tratara, los pobres desaparecen antes de llegar a Station Noord dejando asientos libres a los ricachos que vivimos en Hillegersberg.
A veces me equivoco: el chico negro sigue sentado ya pasado el Triángulo de las Bermudas, o la chica de los grandes zarcillos dorados y las cejas pintadas casi al óleo sigue tan pancha leyendo su libro hasta que llega a mi barrio.
Entonces me alegro mucho. Me alegra haberme equivocado  y ver que, a pesar de lo que sus padres esperaban de ellos, o de lo que sus maestros no esperaban, a pesar de lo que sus familiares les dijeron o de las críticas de sus vecinos, estos dos han conseguido salir del barrio. Han podido deshacerse de su destino de tokos y chancletas doradas para poder ser ellos mismos. Para poder ser quiénes quieren ser.



sábado, 13 de diciembre de 2014

El valle inquietante



El mes pasado estuve en  un congreso sobre nuevas tecnologías en el comercio y los negocios. Entre las diferentes presentaciones, apareció un pequeño robot que bailaba y se movía de forma tan graciosa y humana que me dejó encandilada. No era yo sola la que se sintió enternecida por el pequeño robot bailarín. Un corro de mujeres jóvenes estaban en cuclillas fotografiando y grabando al ingenioso robot-niño. Su atractivo era indudable y el efecto devastador en la población femenina, evidente. En aquel momento comprendí que los robots van a formar parte de nuestra vida. Este pequeño personaje va a cumplir el papel que hasta ahora reservamos a los animales de compañía. Ya veo este pequeño ser como el nuevo compañero de ancianos, niños y solitarios. Un ser que se mueve como un niño, no es nunca agresivo ni caprichoso, no ensucia (al contrario, ¡limpia¡), y que a fin de cuentas, acompaña.  

Robot visto en JaarcongresECP2014 en La Haya, el 20 de noviembre 2014

La cuestión es dónde está el límite entre la ternura y la grima. ¿Cuándo deja un robot de conmovernos para pasar a inquietarnos por su casi-parecido con nosotros?. En robótica se conoce el efecto grima como el Valle Inquietante, es decir, este punto ciego entre el "otro" y nosotros. Yo diría que este ¨valle¨ inquietante no atañe solo a los robots sino también a otras especies. Cualquiera que haya visto en su momento a Copito de Nieve, el gorila blanco del zoo de Barcelona, sabe a lo que me refiero. El gorila blanco de ojos azules miraba fijamente a los visitantes, de una forma tan humana que daba ´grima´. Solo para sentir la profundidad de esta inquietud vale la pena ver la película The dawn of the planet of the apes (El amanecer del planeta de los simios). La historia no es terriblemente original pero la animación y los efectos especiales se acercan peligrosamente al Valle Inquietante. Si el acercamiento entre especies está en el futuro no es entre las especies humanas y animales sino entre los seres humanos y los robots, los androides que vamos a crear. Y no estoy segura de que sea una mala idea. Al fin y al cabo, vale más convivir con una especie hecha a nuestra imagen y semejanza que con especies con un ADN diferente al nuestro.

¿A qué da grima? Fotograma de la película El amanecer del planeta de los simios.

martes, 30 de septiembre de 2014

Luz a rayas

Mirando esta luz de las persianas medio bajadas sentí una difusa nostalgia mezclada con la seguridad que no da lo conocido desde la infancia. Era esa luz de las persianas medio bajadas a la hora del mediodía cuando el sol está en el punto más alto. Una imagen sugerente para los españoles que miran la foto. Nos recuerda las lentas tardes de verano, días de lentitud y bochorno. Quizás el despertar de una siesta demasiado larga. Quizás cierta desorientación sobre la hora del día.

En cambio, esta instantánea es para un nórdico una imagen de postal, una bonita foto o quizás un montaje fotográfico. En Holanda no hay una relación sentimental con la persiana. Esta luz difusa, cortada a rayas, no pertenece al paisaje diario de este país. Tampoco la imagen sugerente de un interior medio oculto por una tupida persiana. Al contrario, si algo llama la atención al recién llegado a Amsterdam o La Haya es ver que las casas de planta baja tienen grandes ventanales sin visillos. La ausencia de cortinas convierte los íntimos interiores en escaparates. Como es sol es escaso no es cuestión de ponerle obstáculos, piensan los holandeses. A más luz entre en la casa mejor. El nombre que se usa para describir una casa adosada lo dice todo: doorzonwoning que se podría traducir por casa atravesada por el sol. Y así se van formando nuestros paisajes interiores.

domingo, 31 de agosto de 2014

Los tesoros de Medina-Sidonia: el primer Indiana Jones

El libro Los tesoros de Medina-Sidonia tiene también otro título: A la sombra de la muerte. Los dos títulos son igual de acertados porque esta novela del hispanista holandés Johan Brouwer se lee como una novela de aventuras y como un estudio filosófico de la búsqueda de la muerte.

Este es un libro como hay pocos. Es un libro inédito en España a pesar de que en Holanda ya se ha editado  tres veces. Esta edición en castellano permite al lector español acceder a esta obra y a este autor únicos. Los tesoros de Medina-Sidonia describe la guerra civil española vista a través de los ojos de un extranjero de una forma solo comparable a George Orwell. Pero así como éste se ciñó al estilo periodístico, Brouwer escribió una obra de ficción. La novela narra la experiencia de un estudiante holandés, Maarten van de Moer, que decide enrolarse en las Brigadas Internacionales en el año 1937 para defender la República. Gracias a él podemos ver como era la situación en Barcelona, Madrid y Valencia, quiénes eran los brigadistas y como vivía la guerra española un europeo en los años treinta que no sabía aún lo que ocurriría en su propio país al cabo de unos años. El joven holandés que llega a la turbulenta España del final de los años treinta es un personaje enamorado, frustado por la muerte de su amada, confuso, culto e ignorante a la vez. Su motivación para luchar es ambigua porque tiene tanto de insatisfacción personal como de idealismo. Los encuentros del protagonista con  brigadistas procedentes de otros países va aclarando al lector la razón que motiva a un extranjero a arriesgar su vida en un país que no conoce de nada y al que no le une ningún lazo afectivo.

Este aspecto intercultural hace la lectura de la novela ya de por sí fascinante. En mi opinión son estas pinceladas, por lo auténticas, las que reflejan una experiencia personal del autor. Pero la novela no se queda solo en este testimonio de la psicología de cierto tipo de yihadista, sino que avanza haciendo sorprendentes incursiones en otros temas. Nuestro estudiante es un estudioso, o al menos, siente curiosidad por la parapsicología. A causa de su curiosidad la novela deja en ciertos momentos de ser solo testimonial para acercarse a la novela fantástica y desde ahí, da un salto a la la novela de aventuras. Como un Indiana Jones avant la lettre, nuestro héroe se ve enfrentado a misterios de origen arqueológico rodeados con un halo de magia. En realidad la novela de Browuer ofrece varias lecturas, que aunque no estén todas ellas solucionadas con la misma fortuna, resultan siempre sorprendentes y originales. Estamos ante un libro de aventuras que es a la vez histórico, mágico, místico y erudito. Porque Brouwer no deja pasar la oportunidad de mostrar su profundo conocimiento de la historia de España, siempre aprovechando las visicitudes por las que hace pasar a su protagonista. Todo esto convierte el libro en un verdadero page-turner que se devora ávidamente.

Johan Brouwer durante la guerra civil española, probablemente en Madrid.

Quizás para comprender mejor la originalidad del libro, se tenga que conocer a su autor, ya de por sí un personaje igualmente inclasificable. El subtítulo de la novela: A la sombra de la muerte, no es baladí. El coqueteo de Brouwer con la muerte se inició a temprana edad y ya no le abandonó. Este hispanista, especializado en los místicos del Siglo de Oro, inició sus estudios desde la cárcel donde cumplía condena por complicidad en un asesinato cometido por su hermano. Allí empezó a leer San Juan de la Cruz y a Teresa de Avila, lecturas que despertaron su misticismo y su vena intelectual llevándole a licenciarse e incluso escribir una tesis doctoral sobre el tema. Al inicio de la guerra civil española, Brouwer daba clases en la universidad de Amsterdam. Su misticismo, junto a cierta ingenuidad, le hicieron tomar partido por el lado que el consideraba el más conservador, es decir el bando que el creía que literalmente podía "conservar" la parte de España que él más amaba: la historia y la literatura. Después de hacer varios viajes a España y de ver con sus propios ojos el conflicto, Brouwer fue cambiando de tercio, convirtiéndose en un defensor del bando republicano. Al finalizar la contienda española, la lucha no finalizó para él. La invasión de Holanda por la Alemania nazi tuvo inmediatas repercusiones para Johan Brouwer. Siendo ya señalado como activista pro-república fue expulsado de su puesto de la universidad de Amsterdam. En marzo de 1943, Brouwer, junto con otros once miembros de la resistencia antifascista, puso una bomba en el Registro Civil de Amsterdam. El objetivo era destruir los archivos donde se encontraban datos de 70.000 judíos holandeses que vivían en la ciudad. El atentado solo consiguió destruir una parte del registro. El grupo consiguió huir sin ser aprehendido pero fueron denunciados por un miembro del NSB (Partido Nazi holandés). Brouwer murió fusilado a causa de esta acción en julio del 1943. 

A causa de su prematura y heroica muerte, Brouwer no pudo comprobar si se convertían en realidad sus temores de que Europa se perdiera en manos del comunismo o del fascimo, tal como expresaba su protagonista de Los Tesoros de Medina-Sidonia. Esto hace que la novela sea un documento aún más auténtico: está contada por un protagonista de la época.

Lo que hace la novela aún más interesante es que este protagonista no fuera español sino un holandés, un europeo que intuía claramente (quizás de forma sobrenatural, tal como a él le gustaba) que la guerra civil no era solo un conflicto local sino que allí se estaba debatiendo el futuro de Europa.

Los tesoros de Medina-Sidonia está editada por Berenice y traducida del neerlandés por Isabel Lorda, la cual también ha escrito un epílogo que resulta esclarecedor e informativo para conocer mejor la singularidad de la figura de Johan Brouwer.

jueves, 3 de abril de 2014

Estación central (II)

El puente-túnel de la estación Hilversum Media-Park

Que Rótterdam tenga una estación tan concurrida y espectacular no me sorprende. Al fin y al cabo Rótterdam es una gran ciudad, al menos para las proporciones holandesas. Aquí no hay ninguna ciudad que supere el millón de habitantes, ni siquiera Amsterdam. Lo que me sorprende es que una ciudad como Hilversum, que no llega a los 87.000 habitantes, tenga tres estaciones de tren. Una estación para en el centro y las otras dos cerca de los estudios de filmación y el magnífico archivo nacional de imagen y sonido, el Beeld en Geluid Instituut.

Los archivos de la imagen y el sonido

Estos estudios están en el Media Park, lugar tristemente famoso porque aquí fue donde asesinaron a Pim Fortuyn, el político rebelde e inclasificable que arrolló en el año 2002. Pim Fortuyn acabó, en cuestión de meses, con la socialdemocracia `por defecto` que dominaba el panorama político holandés. Después de él, han ido apareciendo los políticos populistas, más o menos derechistas, más o menos liberales, que han conseguido desconcertar totalmente al elector. El desconcierto no lo causan solo los políticos populistas sino también los socialdemócratas que adaptan eslóganes de los populistas (¡sobre todo hay que hablar con firmeza!)para atraer a los votantes. El resultado final es que en el año 2014 votar en las elecciones holandesas es cada vez más complicado. Hay que leer atentamente el programa de cada partido para saber sobre qué temas cada partido está a favor y en contra. Mejor dicho, hay que leer varios programas porque hay tal fragmentación que ningún partido puede gobernar solo. Cada voto es una apuesta para una posible coalición. ¡Con lo fácil que era antes! O uno votaba a los socialdemócratas que hacían coalición con los verdes o uno votaba a los liberales que hacían coalición con los cristiano-demócratas.

Una vez bajo del tren en el centro de Hilversum y enfilo por las bien cuidadas calles de la ciudad me da la impresión de que aquí no ha ocurrido nunca nada desagradable. Esta población es el epítema de la vida amable y tranquila holandesa: gente mayor con abrigos de colores, niños en manada yendo a la clase de hípica, jardines a reventar de flores, librerías, tiendas de ¨cosas¨ innecesarias, ¡incluso un Starbucks en la pequeña estación!. Ah, veo que me he desorientado y no encuentro la calle que busco. Paro al primer viandante que pasa por mi lado, un chico de unos treinta años que lleva el pelo largo y va vestido de forma muy relajada. Es tan extremadamente amable que incluso me acompaña unos metros para que vaya por la dirección correcta. De repente levanta la mano para despedirse, me desea buena suerte y entra en un café. Miro el nombre del tal café: Coffeeshop Easy Times. De la puerta abierta emanan unos efluvios de porro que tiran de espaldas. A las 10 de la mañana.

Pienso - Vaya hombre, vaya suerte tengo, en el sitio más burgués y tranquilo de Holanda voy y le pido indicaciones al pot-head del pueblo. ¡Vete tú a saber a dónde me ha mandado!.-

martes, 1 de abril de 2014

Estación Central (I)

Voy varias veces a la semana a Hilversum, un municipio relativamente grande al lado de Utrecht. No sería una ciudad muy conocida sino fuera porque los que allì trabajan sí que son conocidos. Los   estudios de televisión ocupan la mitad de la superficie urbana. Las calles y avenidas de la ciudad tienen los nombres de los actores y presentadores más conocidos de Holanda. Los habitantes de la ciudad trabajaban en gran parte en la industria televisiva. Esto explica que hayan constantemente trenes conectando Hilversum con el centro neurálgico más cercano: Utrecht.

 Para ir de Rotterdam a Hilversum tengo que coger tres trenes haciendo transbordo en tres estaciones diferentes. Las estaciones holandesas se han modernizado tanto últimamente que parecen centros  comerciales-gastronómicos  más que estaciones de tren. Hay bares, cafés y restaurantes de todo tipo: pasta italiana, wraps asiáticos, patatas fritas belgas, bombones ídem, pastelerías Dudok, bocadillos biológicos, bollos de canela, ensaladas, zumos y, naturalmente, mi favorito: Starbucks. Me gusta mucho el café que hacen allí, me recuerda mi querida ciudad de San Francisco y me proporciona siempre diversión ver como escriben cada vez mi nombre mal.

Para los que no estén familiarizados con el protocolo de esta cadena de cafeterías proveniente de Seattle, les diré que fueron los early adaptors del sistema informal de comunicarse con la clientela, al estilo impuesto por Silicon Valley. Esta informalidad Google, o campechanería, que le diríamos en español, se ha convertido en etiqueta. Cuando el cliente hace su pedido en la caja, el "barista" de turno le pide el nombre de pila y lo apunta con un rotulador en el vaso de cartón (que seguramente ha costado dos árboles del Amazonas). Seguidamente otro barista después de hacer el café/capuchino llama al cliente por su nombre, tuteándole. Mi nombre es tan complicado para los baristas holandeses de esta cadena americana que me llaman cualquier cosa: Eginia, Ugina, Egenia. Ahora me divierto dando un nombre diferente cada vez. A veces me llamo Kalinda, a veces Marilyn o Dharma. Depende del libro que esté leyendo o la serie que esté viendo.

En la estación central de Rótterdam han instalado la pantalla más grande de Europa en la que proyectan escenas que hacen alarde de la belleza "dura" que caracteriza a la ciudad: puentes, contenedores, barcazas fluviales, edificios de gran atrevimiento arquitectónico, todo ello enmarcado en pertinaz lluvia. Como en Seattle.

Aconsejo a cualquiera que visite la ciudad, aunque sea sólo por unas horas, que se siente un rato en una de las cómodas butacas de Starbucks y se entretenga mirando los viajeros que se apresuran en la nueva estación y la gran pantalla rectangular en la que se proyecta como la ciudad gana dinero.

Havenbedrijf Rotterdam schenkt grootste indoor scherm van Europa aan Gemeente from Ngage Media on Vimeo.

lunes, 29 de julio de 2013

Franquicias

Pizza Hut en Polonia
MacDonalds en Tahilandia

Foto: Eric Codina

sábado, 27 de abril de 2013

Un jardín abandonado por los pájaros



Mi jardín abandonado por los pájaros: con mi madre y mis hermanos en 1968, en la calle Balmes frente a la calle  Pelayo donde se encontraban los mágicos helados calientes (hay que leer el libro para entender esta referencia).

Acabo de cerrar el libro de Marcos Ordóñez Un jardín abandonado por los pájaros.Suspiro. Nudo en la garganta. Sonrisa. Pienso en mi familia. Pienso en mí de pequeña.Que Marcos Ordóñez es un buen escritor ya es algo sabido. Estamos ante un escritor con muchos kilómetros de rodaje en artículos, críticas, biografías y novelas. Ordóñez lleva ya años demostrando que todo lo que toca, si él quiere y si se tercia, se convierte en literatura. Su experta mano ha conseguido que este libro de memorias sea más que un dietario. Con habilidad y oficio el narrador zigzaguea entre la cronología y los múltiples personajes, todos reales, que prácticamente, resucitan en el libro. El lector no se pierde en ningún momento porque el autor le lleva de la mano a lo largo de toda la historia. Una técnica que a mí me recuerda la narrativa de las múltiples storylines, en plan juego de ajedrez, de las espléndidas series de HBO como Juego de Tronos o Mad Men. Este libro me ha gustado mucho. Lo recomiendo a los nacidos a finales de los cincuenta como yo, y a los nacidos en las décadas siguientes. A los de mi edad les va a recordar como éramos y a los más jóvenes les va a enseñar de donde vienen. Los de mi generación recuperarán su infancia a todo color y olor. Ordóñez le da el soplo de la vida a sus recuerdos de forma que se materializan ante el lector. Leyendo el libro tuve repetidamente la sensación de - Ay, sí es verdad, que el Cine Atlántico tenía un bar-, que los domingos comprábamos tebeos en el Mercat de Sant Antoni, - verdaderos flash-backs que recuperaban estampas enterradas en mi memoria.Al fin y al cabo la literatura no es más que contar bien historias que les interesen a los demás porque se sienten identificados, algo que  consigue Ordóñez ampliamente. Ordóñez cuenta sus recuerdos con todo lujo de detalle, se nota que tiene buena memoria y que se ha documentado exhaustivamente. Pero es sobre todo el impacto emocional lo que hace sus recuerdos personales y universales a la vez. Y por eso nos interesan. La recreación de sus recuerdos es, en realidad, la recreación de los nuestros.

Pero si fuera solo esto lo que ofrece el libro, se hubiera quedado en un álbum de fotos, con instantáneas que se mueven, como los trucos mágicos de Harry Potter. Pero el libro va más allá de la recreación del impacto que produce la primera Coca-Cola: al leer el Jardín abandonado por los pájaros, recordé lo que significa tener abuelos, conocerlos, hablar con ellos, jugar con ellos, aprender con ellos que hubo un momento en el mundo en el que tú no estabas pero que, increíblemente, el mundo existía. Marcos Ordóñez nos recuerda que somos un eslabón de distintas familias que se unen en ti. Cómo todos estos afluentes han desembocado en esta manifestación personal e individual de la vida que es cada uno de nosotros. Y como las habitaciones cerradas de nuestra memoria siguen dirigiendo nuestra vida aunque no lo sepamos.

En este sentido este libro me ha recordado el libro de Julian Barnes The sense of an ending, en el que el protagonista siente que ha llegado a la vejez en el momento que se da cuenta que ya no va a cambiar. En este caso no se trata del paso a la vejez sino del paso a la madurez. Ordóñez revisa durante la escritura de estas memorias las opiniones que se había formado cuando era más joven sobre su padre. Revisa también su comportamiento como adolescente y joven hacia familiares, personas punteras en su vida, como su abuela. Llega a la conclusión de que no le gusta como se comportó pero que ya llega la hora de aceptar la vida tal como es. Y creo que esto es lo que hace que cerremos el libro con una sonrisa serena. Porque todos comprendemos que solo podemos dar las gracias por lo que nos han dado, aceptar que esto es lo que hay y seguir el tiempo que nos sea concedido.

Finalmente, el libro también me ha gustado porque hay referencias a hechos históricos que encuadran las complejas relaciones familiares rememoradas, referencias a personajes de la vida cultural española y catalana del siglo XX, y, lo más divertido, chafarderías como la opinión de Raquel Meller sobre Sara Montiel, la cual la "interpretó" en El último cuplé.

El abuelo de Ordóñez, Joan Diví, fue violinista-músico against all odds, ya que su destino era trabajar en el campo o ser carpintero. Sin embargo vivió de tocar el violín toda su vida laboral gracias a su incondicional amor por el oficio de hacer música. Solo conoce esta persona tan especial vale la pena leer el libro. Aquí una escena de El último cuplé en la que se ve a Joan Diví tocando el violín.