
Por fin y con un retraso de 64 años ha tenido éxito un atentado contra Hitler. Lo que no consiguió el Conde Claus von Stauffenberg, lo ha conseguido un furioso berlinés: decapitar la figura de cera de Hitler que se exhibía en el Museo de Madame Tussaud en Berlín.
La figura ya había despertado mucha polémica entre los que decían que era de mal gusto representar a Hitler y los que defendían su figura como componente ineludible de la historia. El museo había anunciado que, a diferencia de las otras figuras, los visitantes no se podían hacer fotos con la representación en cera de Hitler. La razón era evitar que su imagen se usara para propaganda (neo)nazi, algo que está prohíbido en Alemania.
Que Alemania luche aún con la aceptación de su pasado no es sorprendente. Es un pasado convulso y que costó 55 millones de muertos a Europa. No sorprende que en Alemania se discuta la legitimidad de la presencia de Hitler hecho de cera, eso sí, representado en el momento de su fracaso final. La dirección del museo indicó que se había escogido la representación de la derrota para no exaltar la mitificación de la figura de Hitler.

Mientras tanto en Inglaterra, el museo de cera de Londres tiene una figura de Hitler, desde ya hace años, amenazante, incluso levantando un puño agresivamente.

¿Por qué nadie ha decapitado el Hitler inglés? Me pregunto.
Solo el sentimiento de culpa explica la reacción furibunda de los berlineses contra la imagen. O es que están aún procesando la derrota. Como me comentó un amigo mío alemán después de la derrota de la selección alemana ante la selección española: es que los alemanes cuando perdemos, perdemos de verdad....