Eugenia Codina Desde mi ventana

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Meritocracia


En la edición del domingo de El País leo un buen artículo de Elvira Lindo sobre Michelle Obama.
Tal como apunta Lindo en su arículo, la verdadera revolución social ocurrida en Estados Unidos no fue la llegada de Barak Obma a la Casa Blanca, sino la llegada de Michelle Obama. Ella es la que es americana, tanto por nacimiento como culturalmente, ya que fueron sus antepasados los que formaron parte la historia más desagradable e injusta de los Estados Unidos. Es Michelle Obama la que representa la movilidad social de la clase media afroamericana porque Barak Obama es hijo de matrimonio mixto, y en cierta forma, ¨primera generación¨ americano.

Yo veo a Michelle Obama como una mujer moderna. Irradia seguridad en sí misma y en sus capacidades. Una mujer que ha luchado para conseguir lo que tiene y para llegar a ser quien es y que lo sabe.
La comparan con Jaqueline Kennedy, pero me parece fuera de lugar porque eran otros tiempos, cuando tener estilo para vestir y hablar francés ya era un gran paso adelante en la sofisticación de las primeras damas. Jacqueline Kennedy era una aristócrata nacida con este porte y Michelle Obama es quien es por méritos propios.
Es muy oportuno que en una meritocracia sus representantes sean personas que han crecido en ella y que pueden dar testimonio de que funciona.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Léanlo


Escribe Elvira Lindo en El País del miércoles 15 de septiembre 2008:

Hay lectores que buscan en un columnista una especie de comunión semanal; yo prefiero acercarme a las columnas con el deseo de que, eso que la gente llama tan pomposamente "mis convicciones", sea sacudido de alguna manera. En el catálogo de alabanzas que se pueden dedicar a un opinador circula una que me intranquiliza: "pasa lo que yo pienso a limpio". Quien elogia de esa manera no hace otra cosa que elogiarse a sí mismo, pues tiene en tan alta consideración sus opiniones que sólo parece pedirle al periodismo un escribano. Hace tiempo que esta hambrienta lectora de periódicos que soy se aficionó a los artículos de Paul Krugman, desde ayer Nobel de Economía. Tanto aquí como en el New York Times el señor Krugman ilumina con una prosa transparente un asunto duro de roer para el lector no iniciado. Lejos de esos expertos que oscurecen la materia que dominan otorgando a los profanos el título de gilipollas, este sabio que lleva poniendo en duda desde hace años la deriva ultraconservadora del sistema americano, explica con gran entusiasmo pedagógico las misteriosas claves del mercado. Como lo tenía, ya digo, por sabio, siempre imaginé a un anciano de pelo blanco y airado, así que ha sido toda una sorpresa descubrir a un hombre joven, de rostro simpático. Krugman no ha podido pasar mis pensamientos a limpio, porque en materia económica, estoy pez. Yo era, lo digo casi con vergüenza, de esa ¿mayoría? que al desplumar el periódico, tiraba el suplemento de negocios. Ahora andamos todos poniéndonos al día. Es angustioso porque por momentos no entendemos nada, y para colmo tenemos la poco consoladora sensación de que los expertos están también sumidos en el desconcierto. Por fortuna, Krugman es un buen maestro. No trata de confirmar nuestras convicciones, tan sólo intenta explicar qué es lo que nos está pasando. Léanlo.