Eugenia Codina Desde mi ventana

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martes, 30 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad: qué bello es vivir


Barcelona, 25 de diciembre del 2008

Esta foto tomada el día de Navidad es la más reciente de mi familia. En la foto falta mi madre, a la que todos echamos profundamente de menos. Mi madre tiene Alzheimer, la enfermedad de la que vamos a morir la gran mayoría de nosotros si sobrevivimos los setenta.
Según los datos la Organización de Geriatría, una de cada cuatro familias españolas, tienen algún familiar con demencia tipo Alzheimer. Esto significa que casi medio millón de españoles la padecen. Por otro lado una de cada 10personas de más de 65 años de edad y casi la mitad de los mayores de 85 padecen Alzheimer. Se cree que en el año 2025 la cifra de afectados subirá a 22 millones de personas en todo el mundo.

Una de las compañeras de residencia y enfermedad de mi madre es una dulce nonagenaria que responde al nombre de Teresa. Teresa está en una silla de ruedas porque ya no puede andar. Está tan sorda que no puede comunicarse con los demás. En realidad, Teresa ya no puede hacer prácticamente nada. Sin embargo, puede escribir algunas palabras y dibujar algún trazo simple. Su hija durante las visitas, la estimula a escribir en un pequeño bloc que siempre lleva con ella. Ayer, Teresa escribió con su inseguro trazo, tres palabras. Su hija, asombrada, me las enseñó. Eran tres palabras sorprendentes y emocionantes: Viva la vida.

El misterio de la ausente existencia de mi madre y del apego incondicional a la vida de Teresa me recordaron la película Qué bello es vivir.

Qué bello es vivir (It´s a wonderful life) el clásico de Frank Kapra que se repite cada Navidad en las televisiones del mundo, gira en torno de un dato filosófico: ¿que hubiera ocurrido si yo no hubiera nacido?. El protagonista sufre un revés económico que quiere solventar suicidándose de forma que su familia pueda cobrar el seguro. Un angel que tiene que hacer méritos para subir de categoría le muestra, durante la noche de Navidad, lo que hubiera sido de su familia y su pueblo si él no hubiera existido. La moral final de la historia es que la vida de uno está entrelazada con la vida de los seres que te rodean y que no es rico el que tiene mucho dinero sino el que tiene muchos afectos.

Mucho hubiera faltado si mi madre no hubiera existido:

martes, 11 de noviembre de 2008

Coquetos


Parada del autobús 35 en Hillegersberg, Rotterdam

Estoy en la parada de autobús esperando el 35 mientras paseo arriba y abajo. Se me acerca un señor mayor que sale del supermercado con la cesta de la compra:
-Buena manera de hacer ejercicio- me dice- yo también lo hago, andar arriba y abajo-, y sin hacer una pausa me espeta:
-¿Cuánto años me pones?-.
Para mis adentros pienso que tiene unos ochenta años pero para no meter la pata le digo: - ¿unos setenta y seis?-.
- Pues no, - me dice triunfante- acabo de cumplir noventa y cuatro esta semana-, y sin esperar respuesta se aleja al trote, firme y decidido.
-¡Qué coquetería!- pienso para mis adentros.

Yo solo pienso en como ocultar mi inminente cumpleaños y este señor está orgulloso de la edad que tiene y de la energía que despliega.
En alguna parte hay una línea invisible que separa nuestros sentimientos sobre la edad. Mientras creemos que tenemos que ser competitivos en el mercado laboral y sentimental queremos aparentar ser más jóvenes de lo que somos. Nos avergonzamos de no resistir adecuadamente las embestidas del tiemp.
Viendo a este espabilado nonagenario me da la impresión de que, en lugar de avergonzarse, se enorgullece de haberse reído del tiempo.
Ultimamente he notado un aumento de coquetos ciudadanos senior, como les llaman los americanos, que no solo siguen dando su energía a la sociedad sino que además recalcan con gusto que son ¨de los que aguantan¨ riéndose de los dentelladas del tiempo.
Uno de los casos más espectaculares es el señor Leopoldo Abadía, un profesor de ingeniería jubilado que se ha hecho famoso en cuestión de meses. Al señor Abadía le ha llegado la fama a la temprana edad de setenta y un años gracias a la crisis financiera. Empezó explicando en su blog, para amigos y conocidos, el por qué de la crisis mundial de una forma tan clara que el número de lectores aumentó de una forma exponencial en cuestión de días. Cuando los periódicos y los medios de comunicación le descubrieron le llevaron a la fama de inmediato. El señor Abadía, una refrescante estrella mediática, no oculta su edad, al contrario, la proclama a los cuatro vientos al igual que sus campechanas explicaciones sobre el origen de la crisis.

Es un verdadero placer escucharle explicando su teoría Ninja. Es a la vez muy esclarecedor. Se lo recomiendo a juniors, mediors y seniors.