Eugenia Codina Desde mi ventana

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Democracia y periodismo civil

CAMPANAS POR LA GRIPE A from ALISH on Vimeo.



Me ha llegado el vídeo de Teresa Forcades a través de Internet. En este vídeo, de evidente factura doméstica, la doctora Forcades que es científica y monja benedictina, tal como su cofia indica, explica de forma clara y sencilla la poca fiabilidad que tiene la pandemia de la gripe A y la vacuna para detenerla. El vídeo dura una hora pero no cansa porque explica algo muy complicado de modo muy sencillo. Después de escucharla uno debe decidir por su cuenta lo que hace respecto a la vacuna de la gripe.

El atractivo de la señora Forcades es que se explica bien, que es monja, que es científica, que es sencilla, que es inteligente y, claramente, impermeable a cualquier estereotipo. No se comporta como se espera de una religiosa, o de una feminista, o de una activista, o de una científica. Para más información sobre este personaje tan interesante se puede ver este vídeo de una hora de la televisión catalana (solo para los que entiendan catalán).

El éxito del vídeo de Teresa Forcades muestra que la información que vale la pena tener se mueve por sí misma. Y cómo. Me recuerda un debate al que asistí en septiembre en Rótterdam en el marco de un ciclo de manifestaciones culturales sobre A sense of belonging (Un sentido de pertenencia). Uno de los debates era sobre el actual panorama político, llamado de post-democracia y contaba con la presencia de Benjamin Barber, filósofo y escritor que había sido consejero de Bill Clinton.
Barber, un brillante orador, defendía la democracia participativa porque actualmente la democracia se estaba reduciendo a votar cada cuatro años. La verdadera democracia se sustenta en la participación ciudadana y en el respeto, entre otras cosas, a la necesidad del populismo. Me extrañó que Barber nombrara Facebook, Twitter y las redes sociales como nuevas comunidades donde el ciudadano puede participar en la democracia, lo cual me pareció una ingenua exageración y una mitificación de la técnica.

Sin embargo, después de ver lo que está ocurriendo con el vídeo de Teresa Forcades empiezo a entender el punto de vista de Barber. Ella misma dice en su exposición que su intención es que se abra el debate y que se ejerza la democracia, es decir, que el ciudadano influya sobre las decisiones de políticas demostrando con sus actos su postura sobre los temas que realmente le afectan de verdad, de verdad. Como la salud.

Sin internet no hubiera sido posible para el mensaje de Forcades salir de la clandestinidad. Realmente es el efecto del periodismo ciudadano, este nuevo fenómeno que se desarrolla a través de blogs y sitios en la red. No se trata de periodismo profesional. Se trata de corrientes de opinión que tienen una plataforma rápida y barata para llevar su mensaje a gran parte de los ciudadanos. Se trata de la verdadera sociedad civil.

sábado, 30 de agosto de 2008

Donde nadie ha ido antes

Siguiendo el proceso de las eleccciones en Estados Unidos he recordado la serie de ciencia ficción Star Trek, de la que confieso soy una gran aficionada. En realidad, mi vocación hubiera sido trabajar en la Federación de Planetas pero me he tenido que conformar con enseñanza.

Las elecciones tienen como objetivo elegir el líder adecuado, y ahí veo concomitancias entre la realidad y la serie en cuanto al modelo sociológico que representa. Me refiero en concreto, a los capitanes de Star Trek, que son la esencia misma del liderazgo.

La serie conoce cinco épocas, siendo la primera de los años sesenta y la última entre 2001= 2005.
En la serie original, que empezó en 1966 , el capitan es JamesTiberius Kirk, hombre blanco, de unos treinta años. Es un hombre de acción que tiende a solucionar los problemas que se presentan con un par de puñentazos. Es un pionero al estilo del oeste americano.
Al principio de cada episodio una voz en off dice: ¨Estos son los pasajeros de la nave estelar Enterprise. Su misión es explorar nuevos mundos y civilizaciones. Ir donde ningún hombre ha ido antes.¨

A finales de los años ochenta (1987) reaparece la serie con un capitán sorprendente: Jean-Luc Picard. Picard es francés y calvo, dos características que le pronosticaban poca popularidad. Ser calvo en el país que ha inventado el pelo que no se mueve es un acto de valentía en sí mismo.
Picard no solo un pionero como Kirk, es explorador de planetas y conceptos. Es un filósofo, interesado en la arqueología. Tiene una gran capacidad de decisión y basa su liderazgo sobre todo en el respeto que le tiene su tripulación.
La violencia en la segunda serie es el orígen de los problemas, no la solución. Picard se ve a menudo involucrado en problemas que exigen una respuesta racional y filosófica
Que el enfoque de la serie ha cambiado ya queda claro en las palabras iniciales. El Enterprise va ahora: ¨ donde nadie ha ido antes¨. De forma que la palabra hombre ya ha desaparecido.



La siguente serie en los noventa (1993) es aún más sorpendente. En Deep Space Nine no es el objetivo explorar el espacio sino mantener una estación espacial donde se ven obligadas a convivir distintas etnias en el momento de una posguerra. Una especie de Berlín justo después de la segunda guerra mundial.
Por primera vez el capitán de Star Trek es negro. Benjamin Sisko basa su liderazgo en su habilidad de mantener la paz en una situación de extrema multiculturalidad. Tiene que negociar constantemente y a veces hacer concesiones con tal de mantener la convivencia (¿no se le acusa también a Obama de lo mismo?) ya que no rigen las normas y valores de una sola civilización. El papel de los humanos es más parecido a la actual ONU, mantener la paz y una convivencia aceptable.


Por fin, en 1995 y para empezar el siglo, el capitán de Star Trek, en la serie Voyager, es una mujer. Kate Janeway es una científica y basa su liderazgo en su fortaleza mental, sus conocimientos científicos y una ética que no admite concesiones. La violencia sigue siendo el orígen de los problemas que Janeway prefiere solucionar con tecnología y ciencia. En esta serie, una tripulación de muy diferente plumaje se ve obligada a hacer un viaje de 75 años para llegar a la Tierra. A diferencia de Deep Space Nine, en este setting rigen las normas y valores humanos, que Janeway se encarga de mantener a rajatabla.



En el 2001 reaparece Star Trek con un nuevo enfoque. Enterprise es una serie que narra lo acontecido 100 años antes de que la serie original con el capitán Kirk se lanzara a explorar el espacio. El capitán, Jonathan Archer, es de nuevo, un hombre blanco, de unos treinta años, que basa su liderazgo en su fortaleza y que soluciona los problemas con violencia, si es necesario. Como hombre de ación su personalidad es menos definida que la de Kirk pero tampoco tiene la profundidad de Picard o la diplomacia de Sisko, ni remotamente los conocimentos científicos de Janeway.
En definitiva, el pobre Archer está tan perdido en la búsqueda de su papel, como el hombre actual

Esta serie resultó un fracaso. La dejaron de emitir antes de terminar todos los capítulos.


Es posible que el fracaso de Enterprise fuera que no conectaba con los tiempos, tal como habían hecho las series anteriores. La figura del líder hubiera ido evolucionado de un pionero a un intelectual, de un político de coalición a una científica. Pero es que además, con cada capitán se iba incorprorando una nuevo matiz de la variedad humana (y por lo tanto del ciuadano de los Estados Unidos): de un capitán joven a uno maduro, rompiendo así la frontera de la edad, después rompiendo la barrera de la raza, y seguidamente la barrera del género.
Cuando, finalmente, la serie le ofrece al espectador un líder que recuerda la sociedad de los años sesenta se olvida de que una vez la mente humana ha ido incorporando información nueva, no la puede borrar porque la ha usado para construir nuevos conceptos. Es decir, una vez hecha la evolución no hay energía para la involución.

El paralelismo de los líderes de Star Trek con los cambios sociológicos actuales en Estados Unidos es que, si Obama rompe la barrera de la raza es muy problable que la próxima presidencia rompa la barrera del género.
Pero también quiere decir que el siguiente presidente ya no podrá ser un George Bush o un John Kerry porque son políticos unidimensionales que no representan a una ciudadanía tan diversa, en todos los sentidos, como es la de los Estados Unidos.

Y que va yendo allí donde nadie ha ido antes.

sábado, 26 de julio de 2008

Global Village

Admito mi error, yo no habìa entendido aún lo que significaba el acceso al mundo a través de la televisión. Creía que era una forma de cosmpolitismo, una forma de aprender idiomas y de estar al día de los avances en otros países. Pero esta era anteayer.

Porque desde ayer, y después de no tener televisión durante un año, instalé una antena parabólica que me da acceso a mil quinientos canales (1.311para ser exactos).

Vaya sorpresa me he llevado.

Después de revisar los canales que tengo disponibles he llegado ya a varias conclusiones. Para empezar, los grandes ganadores de la televisón por satélite son la venta directa, el sexo y la religión. Hay incluso un canal llamado God TV, lo cual me dio la esperanza de que podía aclarar la eterna pregunta sobre la existencia de dios. Pero al ver el siguiente canal, God Europa TV, ya vi que no era una emisión divina sino de lo más humana. No solo la religión cristiana está representada, los canales de carácter islámico son casi tan numerosos, seguidos por el hinduismo.

De todos los países que emiten los del Oriente Medio están masivamente representados desde Libia, los emiratos árabes hasta Irán e Irak. También hay decenas de canales con emisoras para espectadores indios. Sorpendente, acotación al margen, la cantidad de canales dedicados al sexo-árabe.

Yo misma, española en Holanda, recibo también la televisión española internacional, además de la televisión catalana internacional, la autonómica vasca, la de Extremadura, Telemadrid, Galicia....

Cuando aparecieron las primeras antenas parabólicas eran una señal de riqueza y de cosmoplitismo. Ahora una imagen estigmatizante en los barrios depauperados de la ciudad de Rotterdam. Antena parabólica es sinónimo de pobreza. Los emigrantes de primera generación, así como sus hijos y sus nietos, son los que se instalan la antena en el balcón.


En Holanda la televisión siempre ha sido por cable y se han recibido fácilmente los canales ingleses, alemanes y belgas. No había necesidad para la clase media de poder ver la televisión en otros idiomas geográficamente más lejanos, como el árabe. Ahora se ha ampliado el número de televisiones que llegan a Holanda pero la cuestión es si esta presencia aumenta la diversidad o la encoge. Porque en realidad yo puedo escoger por mirar cada día TV3 y estar al día de la fiesta mayor de Tortosa (tema puntero de ayer en la franja del mediodía de TV3) sin tener necesidad de enterarme de lo que ocurre en Rotterdam. ¿Sabemos más o sabemos menos?

Hace unos años, las autoridades iraníes intentaron inútilmente prohibir la antena parábolica, a la cual llamaban la antena diabólica, porque traía el extranjero a casa. Yo diría que lo que ocurre ahora es el contrario: es lo local lo que llega al extranjero. Porque incluso en el punto más lejano de la tierra uno puede seguir agarrado al terruño.
En lugar de facilitar el aprendizaje de otros idiomas, convierte en inútil este esfuerzo.
En lugar de ver el mismo programa que tus compañeros de trabajo, que es prácticamente lo único en comùn que comparte el asalariado de hoy en día, te dedicas a ver el culebrón en Tamil que solo pueden ver los hablantes de esta lengua.
En lugar de poner tus prejuicios a prueba viendo programas chocantes, eliges los programas que te aseguran el mismo mensaje de siempre.

De ahí mi error, creía que el satélite nos hacía ciudadanos del mundo. En realidad, me temo que somos pueblerinos del mundo.

sábado, 7 de junio de 2008

Caras



La primera vez que me ocurrió fue cuando estudiaba en la universidad de Utrecht. Un estudiante se dirigió a mí porque me había confundido con otra estudiante española. Un poco picada, le contesté sarcásticamente: Claro, todos los chinos son iguales. Comentario del que me arrepentí enseguida porque vi que el interpelado se ponía como un tomate y balbuceaba una confusa disculpa.
Después, al paso de los años, me ha ocurrido varias veces que me han confundido con otras mujeres mediterráneas de mi entorno. En todos los casos, las personas en cuestión, a pesar de conocernos personalmente no distinguían entre la otra persona y yo cuando nos veían por separado. Algo similar a lo que nos ocurre con los gemelos.

La pregunta es: ¿es verdad que no distinguimos las diferencias en las caras de otras razas?. Intuitivamente parece que es así, que distinguimos mejor caras de nuestro grupo racial.
Los científicos también han estudiado y siguen estudiando este fenómeno. En el blog sobre sobreneurociencia, Sapere Audere, Anibal Monasterio describe este intesante dilema: estamos evolutivamente así programados. Esto implicaría que es inevitable que preferamos a caras del grupo racial al que pertenecemos y que por tanto los prejuicios son inevitables.
En cambio, otros estudios como los de Daniel Levin, aseguran que no se trata de que no podamos reconocer las caras, sino que no lo hacemos. Es decir, dejamos prevalecer el rasgo ¨raza¨ sobre el rasgo ¨persona¨ y así como los ojos de nuestro interlocutor nos recuerdan los ojos de otra persona que conocemos, si nuestro interlocutor es asiático, sus ojos nos parecen representativos de todos los millones de chinos que no conocemos.

La cuestión es que este tema es cada vez más relevante debido a la globalización y a la convivencia de diferentes caras en nuestra vida diaria. Porque mientras todo el mundo se queda en su casa no hay conflictos: el racismo viene cuando los diferentes grupos tienen que formar una convivencia, tal como se sabe en los Estados Unidos desde el principios de su formación.
En Europa estamos ahora empezando a formar una nueva civil society: hace veinticinco años, una estudiante americana de Nueva York que visitaba Barcelona me comentó que lo que le llamaba más la atención era que no había mezcla de razas entre la población, es decir, que todos nos parecíamos.
En treinta años la variedad étnica ha cambiado espectacularmente, no solo en Barcelona sino en el resto de Europa: Francia, Inglaterra, Holanda, Alemania y los países escandinavos son todas sociedades que están pasando por este cambio.

Por lo tanto, la cuestión de personalizar las caras en lugar de verlas como una representación étnica parece el siguiente paso evolutivo que, como humanos, tenemos que hacer estemos programados o no para ello. En definitiva, el mundo va cada vez más hacia un mestizaje producto de la mezcla de razas y las preferencias personales e individuales de cada cual.