Barcelona, ciudad moderna y cosmopolita. O al menos, esto parece a primera vista. En las calles pasean turistas provenientes de todo el mundo. En el metro viajan pasajeros de incontables etnias. Y qué decir del vanguardismo estético. ¡Incluso los edificios antiguos son modernos! En la arquitectura de los edificios y en el contenido de las tiendas destaca el diseño. Desde los años 80, una de las frases que usan los barceloneses para ligar es: ¿estudias o diseñas?, tal ha sido la proliferación del buen gusto como profesión durante los últimos veinte años.
Las apariencias, sin embargo, engañan. A pesar del modernismo y la diversidad, los barceloneses pueden ser muy brutos ante "el otro". A mi juicio, es aún una forma de provincialismo. Como sí en el fondo los barceloneses esperaran que, en algún momento del futuro, todo volverá a ser como antes.
Al menos, esto es lo que pienso al entrar en una tienda de modernos adminículos de cocina, de Alessi para arriba, y toparme con estos encantadores saleros llenos de color local. Estereotipos del "otro" de diseño
Eugenia Codina Desde mi ventana
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sábado, 10 de noviembre de 2012
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Europeana
Un loable intento de reunir la cultura europea. La biblioteca Europeana tiene que poner toda la historia de Europa a la disposición del usuario a través de Internet.
Empecemos por la cultura.
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sábado, 20 de septiembre de 2008
¿Está Google haciéndonos tontos?

Este es el título de un artículo de Nicholas Carr en The Atlantic. Es una muy buena pregunta porque yo misma me reconozco muy bien en las observaciones del escritor sobre el comportamiento lector de personas educadas en el mundo acádemico del texto y el razonamiento científico después de usar Google durante unos cuantos años. Tiene razón: como el dice cada vez me cuesta más leer textos largos para no mencionar libros de cientos de páginas. También me reconozco en la forma de leer fragmentaria: al cabo de dos pantallas, puedo pasar a otro vínculo y de éste al siguiente y no volver nunca más al primero.
Resulta alarmante la idea de que no solo son los estudiantes y alumnado de los colegios los que están leyendo así, sino que los científicos también están siendo guiados por Google en su selección de artículos. Google no llega a todos los archivos de todas las bibiliotecas, y a causa de sus algorimos de búsqueda, pone el artículo más buscado al principio de la página.

Si los científicos están influidos por Google de esta forma no me parece que la razón es que el buscador les haya vuelto tontos, sino simplemente vagos. Que un adolescente, cliente del Rincón del Vago se conforme con una búsqueda superficial en Google es aceptable (y le da trabajo a los profesores porque tienen que enseñar a los alumnos a buscar) pero que lo haga un científico entrenado en la duda metódica me parece más una carencia de conocimientos metodológicos que producto de la estupidez googeliana.
Sin embargo, la afirmación más trascendente del artículo está en la sugerencia del autor de que después de años de trabajar en línea con buscadores el cerebro se ha modificado. Es decir, no es ya ignorancia o vagancia sino que el cerebro ha hecho ciertas conexiones y ha dejado de hacer otras. Un argumento verosímil si vemos como funciona el aprendizaje en general: no es más que conexiones entre células.
Me parece un buen tema para investigar y si alguien sabe si ya se está investigando, me gustaría saberlo.
*Más información se encuentra en el blog de Nicholas Carr y en su libro Big Switch (El gran cambio: de Edison a Google)
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lunes, 1 de septiembre de 2008
¡Hagan sitio!

El domingo pasado apareció una larga entrevista en El País con George Steiner.
Steiner, de familia judía persequida durante el nazismo, ha desarrollado su carrera en Estados Unidos y en Europa recordándonos así lo que era el transnacionalismo europeo (es decir, judío) antes de que Europa se volviera loca. Steiner habla y escribe en cuatro idiomas y es un erudito en varios campos, desde la filosofía hasta la crítica literaria.
En la entrevista con Juan Cruz, Steiner lanza un par de provocadoras ideas de esas que te pueden ir rondando durante horas por la cabeza como una mosca que busca una ventana. La idea más inquietante que lanza en la entrevista es su sombrio pronóstico sobre, lo que él llama, la próxima revolución y-o guerra civil.
P: ¿Y la otra revolución?
R: Está por llegar, me da mucho miedo y francamente prefiero no estar vivo. Podremos vivir una media de 120 años. Muy pronto podrán rejuvenecer células. Seremos reemplazables, como el motor de un coche. Hoy, ser un investigador de biogenética es estar subido a una escalera mecánica que va cada vez más rápida. ¿Qué pasará cuando los jóvenes tengan que cuidar y alimentar a tanta gente mayor? La próxima guerra civil puede ser ésta.
P: Parece el tema de una novela de Saramago.
R: De una novela, y de una pesadilla. Los jóvenes de hoy tienen que pagar impuestos, residencias de ancianos, la comida, la casa. Hay cada vez más ancianos. Creo firmemente en el derecho a la eutanasia. Es un horror envejecer sin dignidad. Antes, las familias más o menos se podían hacer cargo de sus ancianos. Pero ya no pueden. Quizá la próxima crisis sea generacional.
P: ¿No la hay ya?
R: No, estamos conteniéndola, hoy los jóvenes no andan por ahí asesinando a los viejos. En ciertas culturas esquimales lo hacen. Cuando llega el invierno, los jóvenes obligan a los mayores a salir de la casa o del iglú, a morir, para que puedan sobrevivir los jóvenes.
Soylent Green. Ahí está. Es lo que me recordó Steiner. Soylent Green (1973), en España titulada Cuando el destino nos alcance, basada en una novela con el alarmante título: ¡Hagan sitio!. Una película oscura que esbozaba un futuro desolador. La sobrepoblación del planeta había acabado con el equilibrio ecológico y, en la escena que más pesadillas provoca de la película, el protagonista descubre que las galletas Soylent Green son, en realidad, restos humanos reciclados.
Truculenta como es la idea de las galletas verdes, no fue esta escena la que me quitó el sueño durante mi adolescencia. Lo realmente angustioso es que, por ley, al llegar a la vejez uno no tiene más derecho a vivir. Al cumplir cierta edad, cada ciudadano recibe una muerte orquestada según su gusto y preferencias.
Leyendo a Steiner volvió a mi memoria la escena de la muerte inducida de Sol Roth. Como ya no existe naturaleza en la tierra ni animales salvajes, esto es lo que él pide ver como telón de fondo a su muerte.
Ya en mi adolescencia, cuando la muerte era lejana y abstracta, me dio más escalofríos la muerte obligatoria que la idea de convertirme en galleta. Desde la perspectiva actual, deduzco que ya entonces intuí que la primera premisa es mucho más plausible y racional que la segunda.
Ahora que el tema de la eutanasia se discute abiertamente, que el envejecimiento de la población empieza a ser algo más que una estadística, ahora que podemos vivir tantos años aunque sea con una salud quebradiza, ahora pues. la despedida de Sol no parece tan ciencia ¨ficción¨como hace cuarenta años.
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sábado, 30 de agosto de 2008
Donde nadie ha ido antes
Siguiendo el proceso de las eleccciones en Estados Unidos he recordado la serie de ciencia ficción Star Trek, de la que confieso soy una gran aficionada. En realidad, mi vocación hubiera sido trabajar en la Federación de Planetas pero me he tenido que conformar con enseñanza.
Las elecciones tienen como objetivo elegir el líder adecuado, y ahí veo concomitancias entre la realidad y la serie en cuanto al modelo sociológico que representa. Me refiero en concreto, a los capitanes de Star Trek, que son la esencia misma del liderazgo.
La serie conoce cinco épocas, siendo la primera de los años sesenta y la última entre 2001= 2005.
En la serie original, que empezó en 1966 , el capitan es JamesTiberius Kirk, hombre blanco, de unos treinta años. Es un hombre de acción que tiende a solucionar los problemas que se presentan con un par de puñentazos. Es un pionero al estilo del oeste americano.
Al principio de cada episodio una voz en off dice: ¨Estos son los pasajeros de la nave estelar Enterprise. Su misión es explorar nuevos mundos y civilizaciones. Ir donde ningún hombre ha ido antes.¨

A finales de los años ochenta (1987) reaparece la serie con un capitán sorprendente: Jean-Luc Picard. Picard es francés y calvo, dos características que le pronosticaban poca popularidad. Ser calvo en el país que ha inventado el pelo que no se mueve es un acto de valentía en sí mismo.
Picard no solo un pionero como Kirk, es explorador de planetas y conceptos. Es un filósofo, interesado en la arqueología. Tiene una gran capacidad de decisión y basa su liderazgo sobre todo en el respeto que le tiene su tripulación.
La violencia en la segunda serie es el orígen de los problemas, no la solución. Picard se ve a menudo involucrado en problemas que exigen una respuesta racional y filosófica
Que el enfoque de la serie ha cambiado ya queda claro en las palabras iniciales. El Enterprise va ahora: ¨ donde nadie ha ido antes¨. De forma que la palabra hombre ya ha desaparecido.

La siguente serie en los noventa (1993) es aún más sorpendente. En Deep Space Nine no es el objetivo explorar el espacio sino mantener una estación espacial donde se ven obligadas a convivir distintas etnias en el momento de una posguerra. Una especie de Berlín justo después de la segunda guerra mundial.
Por primera vez el capitán de Star Trek es negro. Benjamin Sisko basa su liderazgo en su habilidad de mantener la paz en una situación de extrema multiculturalidad. Tiene que negociar constantemente y a veces hacer concesiones con tal de mantener la convivencia (¿no se le acusa también a Obama de lo mismo?) ya que no rigen las normas y valores de una sola civilización. El papel de los humanos es más parecido a la actual ONU, mantener la paz y una convivencia aceptable.

Por fin, en 1995 y para empezar el siglo, el capitán de Star Trek, en la serie Voyager, es una mujer. Kate Janeway es una científica y basa su liderazgo en su fortaleza mental, sus conocimientos científicos y una ética que no admite concesiones. La violencia sigue siendo el orígen de los problemas que Janeway prefiere solucionar con tecnología y ciencia. En esta serie, una tripulación de muy diferente plumaje se ve obligada a hacer un viaje de 75 años para llegar a la Tierra. A diferencia de Deep Space Nine, en este setting rigen las normas y valores humanos, que Janeway se encarga de mantener a rajatabla.

En el 2001 reaparece Star Trek con un nuevo enfoque. Enterprise es una serie que narra lo acontecido 100 años antes de que la serie original con el capitán Kirk se lanzara a explorar el espacio. El capitán, Jonathan Archer, es de nuevo, un hombre blanco, de unos treinta años, que basa su liderazgo en su fortaleza y que soluciona los problemas con violencia, si es necesario. Como hombre de ación su personalidad es menos definida que la de Kirk pero tampoco tiene la profundidad de Picard o la diplomacia de Sisko, ni remotamente los conocimentos científicos de Janeway.
En definitiva, el pobre Archer está tan perdido en la búsqueda de su papel, como el hombre actual
Esta serie resultó un fracaso. La dejaron de emitir antes de terminar todos los capítulos.

Es posible que el fracaso de Enterprise fuera que no conectaba con los tiempos, tal como habían hecho las series anteriores. La figura del líder hubiera ido evolucionado de un pionero a un intelectual, de un político de coalición a una científica. Pero es que además, con cada capitán se iba incorprorando una nuevo matiz de la variedad humana (y por lo tanto del ciuadano de los Estados Unidos): de un capitán joven a uno maduro, rompiendo así la frontera de la edad, después rompiendo la barrera de la raza, y seguidamente la barrera del género.
Cuando, finalmente, la serie le ofrece al espectador un líder que recuerda la sociedad de los años sesenta se olvida de que una vez la mente humana ha ido incorporando información nueva, no la puede borrar porque la ha usado para construir nuevos conceptos. Es decir, una vez hecha la evolución no hay energía para la involución.
El paralelismo de los líderes de Star Trek con los cambios sociológicos actuales en Estados Unidos es que, si Obama rompe la barrera de la raza es muy problable que la próxima presidencia rompa la barrera del género.
Pero también quiere decir que el siguiente presidente ya no podrá ser un George Bush o un John Kerry porque son políticos unidimensionales que no representan a una ciudadanía tan diversa, en todos los sentidos, como es la de los Estados Unidos.
Y que va yendo allí donde nadie ha ido antes.
Las elecciones tienen como objetivo elegir el líder adecuado, y ahí veo concomitancias entre la realidad y la serie en cuanto al modelo sociológico que representa. Me refiero en concreto, a los capitanes de Star Trek, que son la esencia misma del liderazgo.
La serie conoce cinco épocas, siendo la primera de los años sesenta y la última entre 2001= 2005.
En la serie original, que empezó en 1966 , el capitan es JamesTiberius Kirk, hombre blanco, de unos treinta años. Es un hombre de acción que tiende a solucionar los problemas que se presentan con un par de puñentazos. Es un pionero al estilo del oeste americano.
Al principio de cada episodio una voz en off dice: ¨Estos son los pasajeros de la nave estelar Enterprise. Su misión es explorar nuevos mundos y civilizaciones. Ir donde ningún hombre ha ido antes.¨

A finales de los años ochenta (1987) reaparece la serie con un capitán sorprendente: Jean-Luc Picard. Picard es francés y calvo, dos características que le pronosticaban poca popularidad. Ser calvo en el país que ha inventado el pelo que no se mueve es un acto de valentía en sí mismo.
Picard no solo un pionero como Kirk, es explorador de planetas y conceptos. Es un filósofo, interesado en la arqueología. Tiene una gran capacidad de decisión y basa su liderazgo sobre todo en el respeto que le tiene su tripulación.
La violencia en la segunda serie es el orígen de los problemas, no la solución. Picard se ve a menudo involucrado en problemas que exigen una respuesta racional y filosófica
Que el enfoque de la serie ha cambiado ya queda claro en las palabras iniciales. El Enterprise va ahora: ¨ donde nadie ha ido antes¨. De forma que la palabra hombre ya ha desaparecido.

La siguente serie en los noventa (1993) es aún más sorpendente. En Deep Space Nine no es el objetivo explorar el espacio sino mantener una estación espacial donde se ven obligadas a convivir distintas etnias en el momento de una posguerra. Una especie de Berlín justo después de la segunda guerra mundial.
Por primera vez el capitán de Star Trek es negro. Benjamin Sisko basa su liderazgo en su habilidad de mantener la paz en una situación de extrema multiculturalidad. Tiene que negociar constantemente y a veces hacer concesiones con tal de mantener la convivencia (¿no se le acusa también a Obama de lo mismo?) ya que no rigen las normas y valores de una sola civilización. El papel de los humanos es más parecido a la actual ONU, mantener la paz y una convivencia aceptable.

Por fin, en 1995 y para empezar el siglo, el capitán de Star Trek, en la serie Voyager, es una mujer. Kate Janeway es una científica y basa su liderazgo en su fortaleza mental, sus conocimientos científicos y una ética que no admite concesiones. La violencia sigue siendo el orígen de los problemas que Janeway prefiere solucionar con tecnología y ciencia. En esta serie, una tripulación de muy diferente plumaje se ve obligada a hacer un viaje de 75 años para llegar a la Tierra. A diferencia de Deep Space Nine, en este setting rigen las normas y valores humanos, que Janeway se encarga de mantener a rajatabla.

En el 2001 reaparece Star Trek con un nuevo enfoque. Enterprise es una serie que narra lo acontecido 100 años antes de que la serie original con el capitán Kirk se lanzara a explorar el espacio. El capitán, Jonathan Archer, es de nuevo, un hombre blanco, de unos treinta años, que basa su liderazgo en su fortaleza y que soluciona los problemas con violencia, si es necesario. Como hombre de ación su personalidad es menos definida que la de Kirk pero tampoco tiene la profundidad de Picard o la diplomacia de Sisko, ni remotamente los conocimentos científicos de Janeway.
En definitiva, el pobre Archer está tan perdido en la búsqueda de su papel, como el hombre actual
Esta serie resultó un fracaso. La dejaron de emitir antes de terminar todos los capítulos.

Es posible que el fracaso de Enterprise fuera que no conectaba con los tiempos, tal como habían hecho las series anteriores. La figura del líder hubiera ido evolucionado de un pionero a un intelectual, de un político de coalición a una científica. Pero es que además, con cada capitán se iba incorprorando una nuevo matiz de la variedad humana (y por lo tanto del ciuadano de los Estados Unidos): de un capitán joven a uno maduro, rompiendo así la frontera de la edad, después rompiendo la barrera de la raza, y seguidamente la barrera del género.
Cuando, finalmente, la serie le ofrece al espectador un líder que recuerda la sociedad de los años sesenta se olvida de que una vez la mente humana ha ido incorporando información nueva, no la puede borrar porque la ha usado para construir nuevos conceptos. Es decir, una vez hecha la evolución no hay energía para la involución.
El paralelismo de los líderes de Star Trek con los cambios sociológicos actuales en Estados Unidos es que, si Obama rompe la barrera de la raza es muy problable que la próxima presidencia rompa la barrera del género.
Pero también quiere decir que el siguiente presidente ya no podrá ser un George Bush o un John Kerry porque son políticos unidimensionales que no representan a una ciudadanía tan diversa, en todos los sentidos, como es la de los Estados Unidos.
Y que va yendo allí donde nadie ha ido antes.
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miércoles, 20 de agosto de 2008
El candor español
Aunque en España el gran público no se haya enterado, los españoles han horrorizado a los medios americanos y europeos por su falta de sensibilidad intercultural.
O dicho con otras palabras: según el resto del mundo, los españoles son unos racistas.

La razón es una foto de la selección española de baloncesto alargándose los ojos imitando los rasgos asiáticos.
Los periódicos ingleses y americanos reaccionaron indignados. Los periódicos holandeses, más benevolentes, se debaten en discusiones sobre si los españoles son racistas o simplemente tontos. ¿A quién se le ocurre hacer algo así?, se preguntan en divertido asombro.
Pau Gasol, que juega en los Estados Unidos, se ha disculpado ante los medios americanos, pero esto aún lo ha empeorado. Los periodistas ahora se preguntan como es posible que Gasol haga algo así viviendo como vive en el país que ha inventado el término Politically Correct.
Pero la cosa no acaba aquí. Para acabar de rematar, y después de las excusas públicas de Gasol, el deporte español sin visos de arrepentimiento, va y repite: aparece una foto de los tenistas españoles haciendo el mismo gesto.
En España la reacción general es de extrañeza por la consternación que este gesto inocente y lúdico ha provocado. Con una total ingenuidad, el público español, convencido como está de que "nosotros no somos racistas", solo puede ver como un acto de mala fe esta reacción puritana de los anglosajones. Esto es, los que se han enterado, porque la mayoría ni se ha enterado.
Se puede argumentar que son los países con problemas de racismo los que acusan a España: tanto Estados Unidos como Inglaterra tienen su lista de conflictos y violencias raciales que emergen regularmente.
Pero también se puede argumentar que Espana no es racista porque hasta ahora no conocía el fenómeno de la inmigración masiva, un fenómeno conocido en el Norte de Europa desde los anos cincuenta. No es que los países europeos sientan la diversidad como parte de su identidad, algo que sí se ve en los países con conciencia de su origen inmigrante como los Estados Unidos, Canadá y Australia. Sin embargo los europeos, ya sea por las terribles consecuencias de la discrimianción de la población judía que desembocó en el Holocausto, ya sea porque se han acostumbrado a que "nada más se puede dar por sentado" en cuestión de religión, lengua y tradiciones, han ido aceptando (aunque a regañadientes) que la convivencia entre la población ha cambiado para siempre.
En los países del sur de Europa la inmigración aún no forma parte de la identidad del país. El "otro" está alejado en el espacio y en el tiempo. Recordemos que en Espana (¿aún?)se encuentran productos en el mercado como el Flan Mandarín o Los Conguitos los cuales basaban su comercialización en el exotismo del "otro".


Imágenes que dejan estupefactos a los turistas holandeses que se los topan.
Y qué decir de apellidos como Matamoros y las fiestas de moros y cristianos, la fibra misma de la identidad de tantos pueblos espanoles. Costumbres basadas en el el "otro" histórico.
Productos reminscentes de un tiempo en que la China era un país exótico y Africa un continente lejano. Mientras tanto los otros no son ni exóticos ni lejanos. Con dos horas de vuelo y doscientos euros se plantan en Barcelona. No solo esto sino que además forma parte del paisaje diario: vecinos, tenderos y taxistas son asiáticos y africanos.
El viernes pasado, el 15 de agosto, se celebraba la Festa Major del barrio de Gracia, en el corazón mismo de la ciudad. En un barrio donde la población es de lo más variado me encontré con un gran desfile de moros y cristianos. Los moros con sable para dejar clara la ferocidad del asunto.

A la fiesta se unían los gigantes vestidos de reyes cristianos así como una serie de guerreros ídem.


El desfile se remataba con la presencia de un dragón chino. Hay que añadir que la fiesta se autotitulaba "multicultural".

En medio del ruido y el ambiente festivo, llamaba la atención la alegría y el desenfado de los participantes, todos ellos voluntarios y vecinos del barrio. Es esta inocencia la que explica, argumentaría yo, el incidente de los ojos de chino.
Así como los europeos y americanos han perdido la inocencia en las relaciones interculturales, la gran mayoría de la población espanola no se ha dado cuenta aún de las implicaciones de los cambios demográficos. El despertar llegará cuando las nuevas generaciones nacidas y crecidas en Espana, reivindiquen su lugar en el país como españoles, no como inmigrantes. Va a ser interesante ver este cambio.
O dicho con otras palabras: según el resto del mundo, los españoles son unos racistas.

La razón es una foto de la selección española de baloncesto alargándose los ojos imitando los rasgos asiáticos.
Los periódicos ingleses y americanos reaccionaron indignados. Los periódicos holandeses, más benevolentes, se debaten en discusiones sobre si los españoles son racistas o simplemente tontos. ¿A quién se le ocurre hacer algo así?, se preguntan en divertido asombro.
Pau Gasol, que juega en los Estados Unidos, se ha disculpado ante los medios americanos, pero esto aún lo ha empeorado. Los periodistas ahora se preguntan como es posible que Gasol haga algo así viviendo como vive en el país que ha inventado el término Politically Correct.
Pero la cosa no acaba aquí. Para acabar de rematar, y después de las excusas públicas de Gasol, el deporte español sin visos de arrepentimiento, va y repite: aparece una foto de los tenistas españoles haciendo el mismo gesto.
En España la reacción general es de extrañeza por la consternación que este gesto inocente y lúdico ha provocado. Con una total ingenuidad, el público español, convencido como está de que "nosotros no somos racistas", solo puede ver como un acto de mala fe esta reacción puritana de los anglosajones. Esto es, los que se han enterado, porque la mayoría ni se ha enterado.
Se puede argumentar que son los países con problemas de racismo los que acusan a España: tanto Estados Unidos como Inglaterra tienen su lista de conflictos y violencias raciales que emergen regularmente.
Pero también se puede argumentar que Espana no es racista porque hasta ahora no conocía el fenómeno de la inmigración masiva, un fenómeno conocido en el Norte de Europa desde los anos cincuenta. No es que los países europeos sientan la diversidad como parte de su identidad, algo que sí se ve en los países con conciencia de su origen inmigrante como los Estados Unidos, Canadá y Australia. Sin embargo los europeos, ya sea por las terribles consecuencias de la discrimianción de la población judía que desembocó en el Holocausto, ya sea porque se han acostumbrado a que "nada más se puede dar por sentado" en cuestión de religión, lengua y tradiciones, han ido aceptando (aunque a regañadientes) que la convivencia entre la población ha cambiado para siempre.
En los países del sur de Europa la inmigración aún no forma parte de la identidad del país. El "otro" está alejado en el espacio y en el tiempo. Recordemos que en Espana (¿aún?)se encuentran productos en el mercado como el Flan Mandarín o Los Conguitos los cuales basaban su comercialización en el exotismo del "otro".


Imágenes que dejan estupefactos a los turistas holandeses que se los topan.
Y qué decir de apellidos como Matamoros y las fiestas de moros y cristianos, la fibra misma de la identidad de tantos pueblos espanoles. Costumbres basadas en el el "otro" histórico.
Productos reminscentes de un tiempo en que la China era un país exótico y Africa un continente lejano. Mientras tanto los otros no son ni exóticos ni lejanos. Con dos horas de vuelo y doscientos euros se plantan en Barcelona. No solo esto sino que además forma parte del paisaje diario: vecinos, tenderos y taxistas son asiáticos y africanos.
El viernes pasado, el 15 de agosto, se celebraba la Festa Major del barrio de Gracia, en el corazón mismo de la ciudad. En un barrio donde la población es de lo más variado me encontré con un gran desfile de moros y cristianos. Los moros con sable para dejar clara la ferocidad del asunto.

A la fiesta se unían los gigantes vestidos de reyes cristianos así como una serie de guerreros ídem.


El desfile se remataba con la presencia de un dragón chino. Hay que añadir que la fiesta se autotitulaba "multicultural".

En medio del ruido y el ambiente festivo, llamaba la atención la alegría y el desenfado de los participantes, todos ellos voluntarios y vecinos del barrio. Es esta inocencia la que explica, argumentaría yo, el incidente de los ojos de chino.
Así como los europeos y americanos han perdido la inocencia en las relaciones interculturales, la gran mayoría de la población espanola no se ha dado cuenta aún de las implicaciones de los cambios demográficos. El despertar llegará cuando las nuevas generaciones nacidas y crecidas en Espana, reivindiquen su lugar en el país como españoles, no como inmigrantes. Va a ser interesante ver este cambio.
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viernes, 18 de julio de 2008
Matisyahu
La primera vez que escuché a Matisyahu me gustó: tiene el swing del reggae y su energía. El reggae, como fondo musical, forma parte de mi vida desde hace años, seguramente porque es la música que estaba de moda cuando empecé a comprar discos. Matisyahu suena como la versión moderna de Eddie Grant, Bob Marley o Peter Tosh.
La sorpresa fue cuando el vi por primera vez: un rabino judío cantando reggae.
La imagen y el sonido no iban juntos: la música que asocio con una forma relajada de ver la vida, con un porrito y los pies en la arena de la playa jamaicana, cantada por un representante de las formas de religión más estrictas y con menos joie de vivre. Porque Matisyahu no es sólo judío sino que es del grupo de los jasídicos, una forma radical de judaísmo.
Sin embargo, esta primera impresión radica en las asociaciones que tengo de lo que es el reggae y el judaísmo. Porque desde el punto de vista histórico tienen mucho en común. Sino miremos a la historia y la leyenda.
El reggae es la música de los rastafari, la religión panafricana, de origen etíope. O mejor dicho, muchos músicos de reggae eran rastafaris. El rastafarismo es una religión relativamente moderna que promete la liberación africana del yugo colonial. Los rastafaris hablan también de Zión como la tierra prometida símbolo de la libertad. Tal como cantaba Boby Marley.
Etiopía, cuna de la reina de Saba la cual tuvo un idilio con el rey Salomón de Israel. De la historia de amor nació un hijo Menelik, rey de Etiopía. Según la leyenda, fue Menelik el que se llevó el Arca de la Alianza israelita a Etiopía, donde aún está escondida en un lugar remoto que solo Indiana Jones conoce.
Durante siglos ha sobrevivido un reducido grupo de etíopes de religión judía. Su partida a Israel es ya una conocida controversia: la emigración masiva de judíos etíopes a Israel y su integración no va sobre ruedas. Los israelís no están acostumbrados a hermanos judíos africanos y que además, tienen una interpretación del judaísmo bastante alejada del original.
Así que, cuando un joven norteamericano reencuentra sus raíces judías más ortodoxas, y se deja seducir por el sonido de los compañeros de camino del antiguo testamento, no está haciendo piruetas en al aire sino que se aposenta sobre un complicado andamio histórico.
Matisyahu es transcultural, transhistórico y transmusical. Y, gracias a este carácter casi Manu Chao (Manuchaju), tiene un gran éxito en todo el mundo.
La sorpresa fue cuando el vi por primera vez: un rabino judío cantando reggae.
La imagen y el sonido no iban juntos: la música que asocio con una forma relajada de ver la vida, con un porrito y los pies en la arena de la playa jamaicana, cantada por un representante de las formas de religión más estrictas y con menos joie de vivre. Porque Matisyahu no es sólo judío sino que es del grupo de los jasídicos, una forma radical de judaísmo.
Sin embargo, esta primera impresión radica en las asociaciones que tengo de lo que es el reggae y el judaísmo. Porque desde el punto de vista histórico tienen mucho en común. Sino miremos a la historia y la leyenda.
El reggae es la música de los rastafari, la religión panafricana, de origen etíope. O mejor dicho, muchos músicos de reggae eran rastafaris. El rastafarismo es una religión relativamente moderna que promete la liberación africana del yugo colonial. Los rastafaris hablan también de Zión como la tierra prometida símbolo de la libertad. Tal como cantaba Boby Marley.
Etiopía, cuna de la reina de Saba la cual tuvo un idilio con el rey Salomón de Israel. De la historia de amor nació un hijo Menelik, rey de Etiopía. Según la leyenda, fue Menelik el que se llevó el Arca de la Alianza israelita a Etiopía, donde aún está escondida en un lugar remoto que solo Indiana Jones conoce.
Durante siglos ha sobrevivido un reducido grupo de etíopes de religión judía. Su partida a Israel es ya una conocida controversia: la emigración masiva de judíos etíopes a Israel y su integración no va sobre ruedas. Los israelís no están acostumbrados a hermanos judíos africanos y que además, tienen una interpretación del judaísmo bastante alejada del original.
Así que, cuando un joven norteamericano reencuentra sus raíces judías más ortodoxas, y se deja seducir por el sonido de los compañeros de camino del antiguo testamento, no está haciendo piruetas en al aire sino que se aposenta sobre un complicado andamio histórico.
Matisyahu es transcultural, transhistórico y transmusical. Y, gracias a este carácter casi Manu Chao (Manuchaju), tiene un gran éxito en todo el mundo.
lunes, 14 de julio de 2008
Tecnoemocional
Arcadi Espada escribe sobre la polémica despertada por el libro y las declaraciones de Santamaría. En ellas acusa a la nueva cocina llamada tecnoemocional, la cual tiene como pionero y representante absoluto Ferrán Adriá, de ser perniciosa para la salud y esnob. En su artículo cuenta Espada que va una vez al año a comer a ElBulli y que puede asegurar que todos los que desconfían de la calidad de la cocina de Adriá caerían bajo sus encantos ya que es irresistible.
Yo no he ido aùn a comer al ElBulli, cosa que lamento y que pienso remediar en el plazo de los próximos años. Tampoco quiero entrar en la polémica arriba mencionada que ya está tratada suficientemente en los medios de comunicación y con particular rigor en el artículo de Espada. Mi razón para escribir sobre el tema es una reflexión de tipo antropológico-cultural.
Este año he comido por primera vez en un restaurante de cocina, digamos, tecnoemocional, un nombre en sí poco atractivo pero que describe bien la experiencia que es comer en un lugar como Can Roca que es donde estuve yo.
Reconozco mi ignorancia sobre el tema porque aunque había oído hablar mucho de Adriá y su cocina molecular no me había dado cuenta de que realmente se trataba de un concepto completamente distinto de lo que yo conocía hasta ahora como restauración. Yo me había quedado anclada en la nouvelle cuisine de los años ochenta.
Cuando comí en Can Roca pasé por una experiencia nueva. Yo era la única española en un grupo de holandeses. Pedimos un menú degustación, que ahora comprendo es lo lógico en este tipo de comida porque de lo que se trata es de vivir las más experiencias posibles. Los camareros iban contando lo que había en cada plato (es para usar una palabra que todos conocemos) en inglés. En un cierto momento, uno de los camareros me sopló al oído: Es un recuerdo de ensaladilla rusa. Pensé:- Vaya cursilada, -para mis adentros hasta que me puse en la boca el líquido que salía de la esfera color crema nadando en mi plato.
El gusto de ensaladilla rusa era total, pero no la ensaladilla rusa despersonalizada de los congelados, sino exactamente como la hacía mi madre. El recuerdo de los veranos, de las comidas en el comedor de mis padres, de los vermuts en familia... todas estas instantáneas se agolparon de repente en mi memoria.
Aún no me había recuperado de esta ataque por sorpresa a mi memoria gustativa cuando me trajeron una ¨deconstrucción¨de sopa de pan con bacalao y judías, todo esto, huelga decirlo, en formato microscópico. Otra vez se me agolparon los recuerdos de las cenas de la infancia con sopa de pan y tortilla, la familia sentada a la mesa, los deberes del colegio, las peleas entre mis hermanos y yo, la mesa de la cocina donde cenábamos los pequeños.
Los otros comensales que no compartían este pasado de gustos conmigo juzgaban la comida por lo que les aportaba ahora: les gustaron e impresionaron los platos estrambóticos y deliciosos que nos iban trayendo.
Para mí era la primera experiencia con lo que es la deconstrucción en la cocina, este despliegue de gustos y de texturas inesperadas que te descolocan porque no se corresponde en tu memoria el sabor con la textura.
Si lo entiendo bien la cocina tecnoemocional solo puede funcionar si hay un pasado de recuerdos almacenado en la memoria que le da la dimensión "emocional" a la experiencia de comer. Una dimensión que va más allá del confort food, esas comidas que nos gustan cuando estamos deprimidos, enfermos o cansados porque nos recuerdan momentos de seguridad infantil. En la comida tecnoemocional estos recuerdos de seguridad se desplazan, se mueven y te sorprenden de una forma, que te hace sentir muy vivo. Vivo en el sentido de que durante microsegundos eres consciente de lo que te forma, de como estás construído.
Después de una comida así no te sientes meramente satisfecho por haber comido bien, es una satisfacción más cercana a la que se siente después de ver una película de Woody Allen o después de haber hecho algo creativo. En mi caso me sentí sorprendida por mi identidad y por las piezas que las construyen. Como si fueran amigos que no hubiera visto en mucho tiempo.

La cuestión es, para mí, como pueden estos creadores conseguir que esta experiencia tan local pueda ser global. Es decir, ¿cómo es que viene gente de todo el mundo a comer a ElBulli si no han comido nunca de pequeños ensaladilla rusa?
Me pregunto si el genio de Adriá radica en que puede hacer estas deconstrucciones con los pasados de otras culturas y otras historias culinarias. Si es capaz de llegar a los recuerdos de eslovacos y japoneses por igual.
El éxito global de Adriá me dice que realmente debe ser un artista, porque el verdadero arte es el que sobrepasa la experiencia íntima y local para apelar a cualquier persona sensiblemente abierta a la experiencia, ya sea música, literatura o comida.
La otra razón es que todos los artistas que conozco están un poco locos. Sin esta locura no se atreverían a ser los primeros en hacer algo innovador, inverosímil y en contra de las llamadas a la sensatez. Hay que ser muy creativo y chalado a la vez para ser EL PRIMERO al que se le ocurre hacer sopa en forma de spaguetti de tres metros. Si no fuera por estos espíritus creadores aún estaríamos lavando a mano, haciendo música con una botella de anís y un palo y comiendo cada día patatas con judías.
Porque quiero ira a ElBulli:
Yo no he ido aùn a comer al ElBulli, cosa que lamento y que pienso remediar en el plazo de los próximos años. Tampoco quiero entrar en la polémica arriba mencionada que ya está tratada suficientemente en los medios de comunicación y con particular rigor en el artículo de Espada. Mi razón para escribir sobre el tema es una reflexión de tipo antropológico-cultural.
Este año he comido por primera vez en un restaurante de cocina, digamos, tecnoemocional, un nombre en sí poco atractivo pero que describe bien la experiencia que es comer en un lugar como Can Roca que es donde estuve yo.
Reconozco mi ignorancia sobre el tema porque aunque había oído hablar mucho de Adriá y su cocina molecular no me había dado cuenta de que realmente se trataba de un concepto completamente distinto de lo que yo conocía hasta ahora como restauración. Yo me había quedado anclada en la nouvelle cuisine de los años ochenta.
Cuando comí en Can Roca pasé por una experiencia nueva. Yo era la única española en un grupo de holandeses. Pedimos un menú degustación, que ahora comprendo es lo lógico en este tipo de comida porque de lo que se trata es de vivir las más experiencias posibles. Los camareros iban contando lo que había en cada plato (es para usar una palabra que todos conocemos) en inglés. En un cierto momento, uno de los camareros me sopló al oído: Es un recuerdo de ensaladilla rusa. Pensé:- Vaya cursilada, -para mis adentros hasta que me puse en la boca el líquido que salía de la esfera color crema nadando en mi plato.
El gusto de ensaladilla rusa era total, pero no la ensaladilla rusa despersonalizada de los congelados, sino exactamente como la hacía mi madre. El recuerdo de los veranos, de las comidas en el comedor de mis padres, de los vermuts en familia... todas estas instantáneas se agolparon de repente en mi memoria.
Aún no me había recuperado de esta ataque por sorpresa a mi memoria gustativa cuando me trajeron una ¨deconstrucción¨de sopa de pan con bacalao y judías, todo esto, huelga decirlo, en formato microscópico. Otra vez se me agolparon los recuerdos de las cenas de la infancia con sopa de pan y tortilla, la familia sentada a la mesa, los deberes del colegio, las peleas entre mis hermanos y yo, la mesa de la cocina donde cenábamos los pequeños.
Los otros comensales que no compartían este pasado de gustos conmigo juzgaban la comida por lo que les aportaba ahora: les gustaron e impresionaron los platos estrambóticos y deliciosos que nos iban trayendo.
Para mí era la primera experiencia con lo que es la deconstrucción en la cocina, este despliegue de gustos y de texturas inesperadas que te descolocan porque no se corresponde en tu memoria el sabor con la textura.
Si lo entiendo bien la cocina tecnoemocional solo puede funcionar si hay un pasado de recuerdos almacenado en la memoria que le da la dimensión "emocional" a la experiencia de comer. Una dimensión que va más allá del confort food, esas comidas que nos gustan cuando estamos deprimidos, enfermos o cansados porque nos recuerdan momentos de seguridad infantil. En la comida tecnoemocional estos recuerdos de seguridad se desplazan, se mueven y te sorprenden de una forma, que te hace sentir muy vivo. Vivo en el sentido de que durante microsegundos eres consciente de lo que te forma, de como estás construído.
Después de una comida así no te sientes meramente satisfecho por haber comido bien, es una satisfacción más cercana a la que se siente después de ver una película de Woody Allen o después de haber hecho algo creativo. En mi caso me sentí sorprendida por mi identidad y por las piezas que las construyen. Como si fueran amigos que no hubiera visto en mucho tiempo.

La cuestión es, para mí, como pueden estos creadores conseguir que esta experiencia tan local pueda ser global. Es decir, ¿cómo es que viene gente de todo el mundo a comer a ElBulli si no han comido nunca de pequeños ensaladilla rusa?
Me pregunto si el genio de Adriá radica en que puede hacer estas deconstrucciones con los pasados de otras culturas y otras historias culinarias. Si es capaz de llegar a los recuerdos de eslovacos y japoneses por igual.
El éxito global de Adriá me dice que realmente debe ser un artista, porque el verdadero arte es el que sobrepasa la experiencia íntima y local para apelar a cualquier persona sensiblemente abierta a la experiencia, ya sea música, literatura o comida.
La otra razón es que todos los artistas que conozco están un poco locos. Sin esta locura no se atreverían a ser los primeros en hacer algo innovador, inverosímil y en contra de las llamadas a la sensatez. Hay que ser muy creativo y chalado a la vez para ser EL PRIMERO al que se le ocurre hacer sopa en forma de spaguetti de tres metros. Si no fuera por estos espíritus creadores aún estaríamos lavando a mano, haciendo música con una botella de anís y un palo y comiendo cada día patatas con judías.
Porque quiero ira a ElBulli:
domingo, 6 de julio de 2008
Ex-actitudes: las tribus urbanas
Una muestra de la aparente humana contradicción entre querer ser uno mismo y a la vez pertencer al grupo son las tribus urbanas. Mi observación es que ya no son solo los temidos gangs provenientes de barrios depauperados. Las tribus urbanas ya van sustituyendo las antiguas clases sociales y los lazos familiares. Nos unimos por grupos de edad, de interés, por barrio, por una afición común, o por razones laborales o ideológicas.

Early Birds, Rotterdam, Versluis en Uyttenbroek
Exactitudes - BBC Culture Show 2008

Early Birds, Rotterdam, Versluis en Uyttenbroek
De esto trata el trabajo de Exactitudes: la antropología de las tribus urbanas fotografiadas (si haces click en las fotos, van pasando las páginas). Desde hace trece años el fotógrafo de Rotterdam Ari Versluis y la estilista Ellie Uyttenbroek están registrando las culturas y subculturas urbanas. Empezaron con Rotterdam pero ahora, muy acertadamente, se han globalizado. Las tribus urbanas no están ya ligadas a una nacionalidad sino a aquello que los define como grupo, ya sea la homosexualidad o la edad. La website Exactitudes, una contracción de Exacto y Actitud, muestra una impresionante documentación sobre los esfuerzos que hacemos para ser diferentes para poder seguir siendo iguales. La uniformidad de la presentación de los diferentes códigos de vestido y la selección de los fotografiados hace de la experiencia un cruce entre documental y arte, con énfasis en la segunda palabra.
Exactitudes - BBC Culture Show 2008
viernes, 4 de julio de 2008
El Moussel Legrain construye
Durante mi reciente estancia en Barcelona me encontré con un viejo amigo.
Estaba en una pequeña droguería buscando un gel de ducha cuando le vi: el Moussel Legrain.
Iba vestido con un frasco octogonal muy parecido al original, aunque no podría decir en qué se diferencia el actual del frasco antiguo. El olor era, efectivamente, tal como lo recordaba. Le pregunté al dependiente-dueño de la tienda si también tenía la colonia, a lo cual me contestó escuetamente: -Això era quan eres petita-, y tenía razón.

El Moussel Legrain, un elemento del paisaje de mi infancia. El frasco, y sobre todo el olor, están grabados en algún lugar de mi memoria. Una oleada del antiguo placer me alcanza al sentir su olor, al que asocio con ¨estar limpio¨. Esta es la primera sinapsis en mi cerebro, sinapsis que se amplia con el recuerdo de mi madre, de la antigua bañera de la casa de mis padres, de momentos vividos sin futuro ni pasado. Creo que se llama nostalgia.
Llegado este punto, uno puede pensar que estos recuerdos son muy personales e íntimos y que carecen de universalidad. Pues el que piense esto se equivoca.
Porque una simple búsqueda en Google da, al menos, tres páginas de referencias del famoso Moussel de Legrain provenientes, en su casi totalidad, de blogs. Es decir, que mi íntima y nostálgica reacción ante el frasco de moussel es tan común como sentir nostalgia de las patatas fritas con cerveza para el aperitivo.
Hordas de blogueros nos hablan del momento en que olieron el moussel y les retornó a la infancia, al recuerdo de su madre y a la bañera de la casa familiar.
No por sabido me deja de sorprender: que los recuerdos, es decir, las piezas que nos construyen sean, a la vez, tan íntimas y a la vez tan generales. Yo puedo sentir el moussel como algo muy mío, parte de mi mundo interior pero es algo que tengo en comùn con miles de personas.

Si pasado compartido lo que forma la cultura común, el Moussel Legrain es cultura.
Estaba en una pequeña droguería buscando un gel de ducha cuando le vi: el Moussel Legrain.
Iba vestido con un frasco octogonal muy parecido al original, aunque no podría decir en qué se diferencia el actual del frasco antiguo. El olor era, efectivamente, tal como lo recordaba. Le pregunté al dependiente-dueño de la tienda si también tenía la colonia, a lo cual me contestó escuetamente: -Això era quan eres petita-, y tenía razón.
El Moussel Legrain, un elemento del paisaje de mi infancia. El frasco, y sobre todo el olor, están grabados en algún lugar de mi memoria. Una oleada del antiguo placer me alcanza al sentir su olor, al que asocio con ¨estar limpio¨. Esta es la primera sinapsis en mi cerebro, sinapsis que se amplia con el recuerdo de mi madre, de la antigua bañera de la casa de mis padres, de momentos vividos sin futuro ni pasado. Creo que se llama nostalgia.
Llegado este punto, uno puede pensar que estos recuerdos son muy personales e íntimos y que carecen de universalidad. Pues el que piense esto se equivoca.
Porque una simple búsqueda en Google da, al menos, tres páginas de referencias del famoso Moussel de Legrain provenientes, en su casi totalidad, de blogs. Es decir, que mi íntima y nostálgica reacción ante el frasco de moussel es tan común como sentir nostalgia de las patatas fritas con cerveza para el aperitivo.
Hordas de blogueros nos hablan del momento en que olieron el moussel y les retornó a la infancia, al recuerdo de su madre y a la bañera de la casa familiar.
No por sabido me deja de sorprender: que los recuerdos, es decir, las piezas que nos construyen sean, a la vez, tan íntimas y a la vez tan generales. Yo puedo sentir el moussel como algo muy mío, parte de mi mundo interior pero es algo que tengo en comùn con miles de personas.

Si pasado compartido lo que forma la cultura común, el Moussel Legrain es cultura.
jueves, 3 de julio de 2008
La metafísica de los medios de comunicación
¿Tenemos bastante sinapsis para poder leer un libro como se hacía hace cincuenta años? Los que hemos crecido mirando la televisión, y los que han crecido con el ordenador, ¿tenemos bastante experiencia cerebral para descodificar palabras, frases y significados?
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antropología digital,
cultura,
leer
miércoles, 2 de julio de 2008
Crearse a uno mismo... gracias a web 0.2
Copio este post del blog de Wilfred Rubens sobre tecnología y educación:
Explorar la propia identidad con el software social
Michael Welsch es globalmente conocido con sus vídeos en YouTube en los que ilustra como el web 2.0 influye nuestra sociedad. Lo que no sabía es que Welsch en principio quería estudiar la subcultura de los usuarios de You Tube. Y ahora forma parte prominente de esta subcultura. Esto es lo que pone The Chronical of Higher Education.
Cito un fragmento de la noticia del Chronical, en la que comentan una coferencia que Welsch dio recientemente, en la que habló de las consecuencias del software social
Dice que muchos bloggers en You Tube, que graban diarios personales y comentarios regularmente y los ponen para que los vea todo el mundo, usan la tecnología para explorar sus identidades. En lugar de emprender un viaje solitario para "encontrarse a sí mismo", estos You Tubers prueban diferentes performances para una audiencia online y hacen cambios basados en la reacción y los comentarios del público. "En lugar de encontrarse a sí mismos", dijo, "se están creando a sí mismos".
Michael Welsch es globalmente conocido con sus vídeos en YouTube en los que ilustra como el web 2.0 influye nuestra sociedad. Lo que no sabía es que Welsch en principio quería estudiar la subcultura de los usuarios de You Tube. Y ahora forma parte prominente de esta subcultura. Esto es lo que pone The Chronical of Higher Education.
Cito un fragmento de la noticia del Chronical, en la que comentan una coferencia que Welsch dio recientemente, en la que habló de las consecuencias del software social
Dice que muchos bloggers en You Tube, que graban diarios personales y comentarios regularmente y los ponen para que los vea todo el mundo, usan la tecnología para explorar sus identidades. En lugar de emprender un viaje solitario para "encontrarse a sí mismo", estos You Tubers prueban diferentes performances para una audiencia online y hacen cambios basados en la reacción y los comentarios del público. "En lugar de encontrarse a sí mismos", dijo, "se están creando a sí mismos".
Etiquetas:
antropología digital,
cultura,
identidad
domingo, 29 de junio de 2008
La deconstrucción de mi Barcelona
Siendo como es Barcelona la ciudad donde nací y donde crecí, visitarla no es un acto meramente turístico o vacacional. En cuestión de instantes, la ciudad que no he visto en meses, vuelve a ser parte de mí. Es una sensación de reconocimiento que va más allà del recuerdo. Así como los recuerdos son estáticos, una vez en estoy en Barcelona, los sentidos se superponen al recuerdo creando una experiencia que no se en qué parte del cerebro se encuentra, pero debe ser sin duda un lugar en el que se encuentran las habilidades o los recuerdos que aprendemos primero. Viene de lejos y de muy cerca. Es ahora y es entonces.
Barcelona cambia. Es indudable. La arquitectura. La población. La lengua. La comida. Mis padres. Mi sobrino. Y sin embargo, sigue siendo tan familiar como el olor de entre mis dedos.
Y eso que ocurren cosas como que mi antiguo colegio, al final de la calle Elisabets

se haya convertido en el MACBA (Museo de Arte Moderno de Barcelona)

El espíritu de mi Barcelona: El Gato, explicado por su biógrafo, el crítico y escritor Marcos Ordóñez.
Barcelona cambia. Es indudable. La arquitectura. La población. La lengua. La comida. Mis padres. Mi sobrino. Y sin embargo, sigue siendo tan familiar como el olor de entre mis dedos.
Y eso que ocurren cosas como que mi antiguo colegio, al final de la calle Elisabets

se haya convertido en el MACBA (Museo de Arte Moderno de Barcelona)

El espíritu de mi Barcelona: El Gato, explicado por su biógrafo, el crítico y escritor Marcos Ordóñez.
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