Eugenia Codina Desde mi ventana

viernes, 30 de octubre de 2009

Republicanos de Gracia


La plaza John Lennon en el mismo corazón de Gracia

Estoy visitando a mi madre en Barcelona. Tiene Alzheimer desde hace varios años. Afortunadamente ahora está en una residencia en el mismo barrio de Gracia que es donde ha vivido la mayor parte de su vida.
A diferencia de las otras residencias donde había estado hasta ahora, esta me ha sorprendido por ser un nido de actividad. El edificio está empotrado en el mismo corazón del barrio, entre un mercado, un colegio y un laberinto de callejuelas. El edificio es nuevo, está bien cuidado y sirve de centro neurálgico de todos los habitantes senior de la zona, que no son pocos. Un centro de día, un restaurante, peluquería, locales para cursillos, salas de billar,centros de actividades, todo unido en un edificio.
La última vez que fui a visitar a mi madre, el portero-conserje estaba atendiendo, simultáneamente, a un nonagenario que se quería apuntar a un curso (?), a una llamada telefónica, y a mí la vez. Además, aún tuvo tiempo de levantar la voz para gritar a los comensales del restuarante (5 euros para los mayores de +65) que
!bajaran la voz porque hacían mucho ruido!. Se respira, en fin, un ambiente vital y dinámico más parecido a la bolsa de Nueva York, que a una residencia de ancianos.
Nada que ver con las plácidas residencias de ancianos en Holanda, normalmente ubicadas en zonas frondosas y alejadas del centro, donde la tranquilidad impera. Qué aburrimiento, aparentan pensar los republicanos de Gracia.

Y lo de republicanos no es simbólico. Aquí ya me he topado con varios republicanos de verdad. Me refiero a Vicens, que a sus 87 años aún recuerda cuando sus padres fueron a votar en abril del 1931 por la Segunda República. Aquí se trata de personas que recuerdan haber dibujado la bandera republicana con los lápices de colores en el colegio. Ancianos que, medio en broma, hablan de fundar un nuevo partido antimonárquico y republicano.



Los jóvenes antisistema, que tocan tambores a las once de la noche, tienen aún mucho que aprender de los verdaderos republicanos de Gracia.

jueves, 29 de octubre de 2009

domingo, 25 de octubre de 2009

La República de Gracia


Escudo de la Vila de Grácia

Ayer por la noche, sufrí varios shocks culturales que me hicieron llegar a la conclusión de que estoy des-culturizada. Ya no entiendo la cultura española

Primer shock cultural
Después de tomar una copa en casa de unos amigos decidimos salir a comer algo.
Yo dije que ya era muy tarde porque eran casi las once de la noche. Mis amigos me miraron con cara de extrañeza ante un comentario tan raro. Nada más salir a la calle comprendí por qué. La calle estaba abarrotada a pesar de la hora con bares, restaurantes y terrazas en plena ebullición.
Era sábado y estaba en el barrio de Gracia en donde junto los vecinos de toda la vida, vive una gran cantidad de gente joven. Gracia atrae sobre todo a la juventud ahora llamada ¨antisistema¨. De ahí que se conozca al barrio como ¨La República de Gràcia¨. Pero es que además tradicionalmente el barrio se ha organizado en asociaciones de vecinos y trabajadores. Las calles en Gracia tienen nombres beligerantes como Carrer de la Llibertat, Carrer de la Fraternitat o Carrer de la Igualtat.
La Vila de Gràcia rebosa vitalidad. En sus calles se encuentran bares por doquier, restaurantes, tiendas especializadas de todo tipo, un mercado de productos frescos, escuelas de primaria y secundaria, residencias de la tercera edad y hospitales.


El barrio o Vila de Gràcia, el más pequeño y densamente poblado de Barcelona

Segundo shock cultural
Un grupo manifestante se acerca a donde estoy, en una de las callejuelas del barrio,tocando tambores y gritando eslógans. Los manifestantes pasan al lado de la residencia para la tercera edad que se encuentra en la calle Siracusa. Yo estoy asombrada de que los jóvenes encuentren normal hacer un ruido atronador en este barrio de calles estrechas donde los vecinos viven encajonados. Pero lo que me choca más aún es la tibia reacción de mis amigos ante este, a mis ojos, acto vandálico porque ¨al fin y al cabo es sábado por la noche¨, porque ¨la gente mayor no se despierta con este ruido¨ y naturalmente, porque ¨las once no es tarde¨.




Una manifestación con tambores en el barrio de Gracia a las once y media de la noche del sábado 24 de octubre.

Tercer shock
Sin que los camareros pestañearan porque nos sentáramos a cenar a las once y pico de la noche, veo aparecer una pareja con un bebé en un cochecito y entran en el bar. Menciono este hecho que podría llevar a la carcel a los padres en Holanda, como quien dice, y los comensales se ríen de mí: ¨Pues a ver, qué vas a hacer sino con el niño si quieres salir...¨

No sé si me horrorizan más los tambores nocturnos, los niños en lugares públicos a las once de la noche, la costumbre de comer tan tarde o el hecho de que mis amigos, gente sensata y culta, no compartan mi asombro.

Llevo tanto tiempo sumergida en la cultura holandesa que he perdido la capacidad de tolerar que manifestantes que exijan sus derechos no piensen en respetar el descanso de los conciudadanos. Tampoco entiendo como uno puede funcionar el dìa siguiente si se ha metido en la cama a las doce de la noche después de comer y beber copiosamente.
Y aunque siento simpatía por el hecho de que los españoles consideren a los niños tan parte de la sociedad que los lleven con ellos al bar, sé por experiencia, que los niños si no duermen sus horas son pesadísimos al día siguiente porque no su cuerpo no ha descansado el tiempo necesario.

Entiendo que el nivel de tolerancia de los españoles con el ruido es legendario así como la flexibilidad en los horarios de las comidas.Lo que no entiendo es que YO ya no lo entiendo.

jueves, 22 de octubre de 2009