Eugenia Codina Desde mi ventana

miércoles, 19 de abril de 2017

La desaparición del bolígrafo


El diario de Miss Codina
19 de abril 2017

Ayer me enfrenté de nuevo al hecho de que soy una mujer del siglo pasado.
Tenía exámenes orales de español con. aproximadamente,  unos cuarenta estudiantes. Al entrar en el aula, les pedía que escribieran su nombre en una lista de presencia. Ninguno de ellos llevaba bolígrafo, rotulador, lápiz o cualquier otro medio analógico para escribir. Todos y cada uno han tenido que coger prestado mi bolígrafo.
Y en la clase de esta mañana me ha acabado de convencer  de lo obsoleto que es el bolígrafo para la generación de veinte años. Quería hacer un ejercicio para practicar las preposiciones que consistía en que un alumno dibujara una escena que el otro le dictaba (usando las preposiciones de lugar). ¡Ninguno llevaba bolígrafo!.
Me estoy replanteando cómo dar clases después de estas revelaciones.

martes, 18 de abril de 2017

Más nombres

El diario de Miss Codina


18 de abril 2017



El tema de los nombres propios de los jóvenes actuales me sigue fascinando. Cada día me vuelve a sorprender la variedad de nombres propios que oigo. Voy viendo que es un buen sistema para poner a prueba tus prejuicios. Si crees que Yoshi es el nombre de un chico japonés, te puedes equivocar del todo. El tal Yoshi es un sanote holandés de dos metros con cara de angelito. Sin embargo, sí que veo que hay nombres típicos Mohamed o Hussein que, hasta ahora al menos, solo he visto en chicos de origen árabe o norteafricano pero no al contrario, es decir, aún no he encontrado un chico holandés rubio y de mejillas sonrosadas que se llame Mohamed.
El único nombre que hasta ahora veo repetirse en todos los cursos que doy es Cris, Cristian o Christian, es decir el nombre "cristiano"  en todas sus variantes.  No sé si es casualidad o es indicativo del posicionamiento de los padres que quieren reafirmar su cristiandad en una ciudad como Róterdam donde desde hace ya años el nombre que aparece más veces en el registro civil del ayuntamiento es Mohamed.
Huelga decir que esta es una impresión mía puramente intuitiva porque no he hecho ninguna investigación seria sobre el tema de los nombres. No sé si las estadísticas me darían la razón.

domingo, 16 de abril de 2017

Nombres

Diario de Miss Codina 

 13 de abril 2017

Esta mañana. Para ir  al departamento de español tengo que subir dos pisos. Eso está bien, así hago algo de ejercicio. Al llegar a la segunda escalera voy ya resoplando. Oigo unos pasos rápidos detrás de mí. Un jovencito cargado con una mochila me adelanta botando como una pelota de tenis en cada escalón. Ha subido en tres segundos, mientras yo no puedo dejar de pensar en mis rodillas.
Son esas cosas las que me recuerdan la edad que tengo.

Esta tarde he dado la primera clase. Los alumnos son todo chicos. Veo que hay algún nombre de mujer en la lista pero la verdad es que no distingo si los nombres son de hombre, mujer o pollo. Les he pedido a los estudiantes presentes que escriban su nombre en una hoja de papel y lo pongan bien a la vista para que pueda aprenderme los nombres. Les he tenido que pedir que lo escribieran con un rotulador grueso porque si lo escriben con bolígrafo no puedo leer a esa distancia.
Leo los nombres con estupor: Marlon, Yannick, Joshi, Yosha, Eli, Eloy, Le Var. Han desaparecido los tradicionales hombres holandeses como Johan, Dirk, Kees, Adrie. Al menos, estos eran los nombres que yo había oído durante los treinta años que vivo en este país.  Me fijo en la lista para ver si los apellidos son tan exóticos como los nombres pero no, son todos portadores (al menos, el grupo que está ahora en la clase) de apellidos tan raciales como van den Berg, Dekker o Jansen que son el equivalente en español a García, Pérez o Martínez.

Bueno, la verdad es que tampoco sé si escribo los nombres bien porque otra gracia de los nombres modernos es que los padres deletrean el nombre de que les ponen a sus hijos como les peta.

Creo que me va a costar un tiempo aprenderme todos estos nombres de memoria.

sábado, 15 de abril de 2017

El diario de Miss Codina: introducción


El año pasado me quedé sin empleo a causa de un despido colectivo en la empresa del sector educativo donde había estado trabajando durante más de veinte años.

La experiencia de quedarse en el paro a los cincuenta es desconcertante. El mundo te grita que ya estás para el desguace mientras que tú te sientes igual que siempre, aún estás flotando en el flow de la vida y el empleo cotidiano. Aún te sientes identificada con el tipo de trabajo que has hecho hasta el momento en que te han despedido, es decir, gran parte de tu identidad e incluso de tu vida social está asociada al trabajo.  Pero he aquí, que en un momento dado, te dicen que no hay trabajo para ti pero que NO es nada personal, que NO tiene que ver con tu rendimiento, sino con el presupuesto, o más bien, la falta del mismo.
Y ahí te quedas, con estos dos mensajes: no te necesitamos pero no tiene nada que ver contigo. Como no tiene nada que ver contigo, te pones a  pedir trabajo pensando que tu valiosa experiencia va a ser útil en el mundo laboral. Craso error. Si a uno no le llegan inmediatamente propuestas de trabajo espontáneamente a través de Linkedin o a través de los conocidos en el mismo sector, quiere decir que te vas a quedar para vestir santos, laboralmente hablando. Estar sin trabajo significa afrontar cartas sin respuesta y desinterés total por tu pasado laboral. Demasiado vieja y demasiado cara son las razones principales, amén de una crisis económica general y un sector que apenas sobrevive en el cambiante siglo XIX.

Después de estar en el paro varios meses he encontrado trabajo como profesora de español en una escuela de negocios, o mejor dicho LA Escuela de Negocios de Róterdam. Los estudios que ofrece estas escuela son en inglés, ya que se trata de International Business and Management Studies.

La experiencia de empezar a dar clases a los cincuenta y pico años es aún más desconcertante que estar en el paro. Un mundo nuevo se abre ante tus ojos.

Este mundo  y su efecto sobre mí es lo que voy a describir en el Diario de Miss Codina. Este es el nombre con el que los estudiantes se dirigen a mí.