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sábado, 8 de agosto de 2009

Local y pequeño

El antiguo aeropuerto Zestienhoven que ahora se llama Rotterdam Airport, y que dentro de poco se va a llamar Rotterdam-Den Haag Airport


Hoy viajo a Barcelona. Por suerte, puedo coger el avión en Rótterdam. Digo por suerte porque el Rotterdam Airport, como le llaman ahora, es el aeropuerto ideal. Está a quince minutos de mi casa, es tan pequeño que se puede facturar la maleta en diez minutos porque nunca hay cola. En el interior hay un café donde sirven un capuccino decente, una tienda y sillas cómodas en la sala de espera.

El lounge con capuccino y periódico


El aeropuerto de Rótterdam también tiene tráfico de avionetas, una escuela de vuelo y un club de paracaidismo, llamado lógicamente de Flying Dutchman. Esto hace que la espera nunca sea aburrida porque se puede pasar el rato mirando a las avionetas que despegan y aterrizan llevando a los paracaidistas que saltan unos cuantos días a la semana, entre ellos a mi marido, el cual se ha dedicado durante unos cuantos años a este deporte.

Lo que me gusta más es que puedo ir andando a mi avión que está aparcado, como quien dice, delante de la puerta.

En una época en que todo tiene que ser global y monstruosamente grande para que sea rentable (como el aeropuerto de Schiphol), resulta gratificante que lo local y pequeño siga existiendo. Se echa en falta la escala humana en todo tipo de servicios.
Yo lo aprecio más que nunca.

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