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miércoles, 3 de septiembre de 2008

El verbo al final


Edificio de las Naciones Unidas en Nueva York

Esta mañana, una amable colega estaba repasando un correoso informe que yo había escrito. Según ella, había una oración demasiado larga con el verbo al final. Me ha dicho: -Cuando llegas al final ya no te acuerdas de qué iba la frase-.
Me ha sorprendido porque la sintaxis es una de las cosas que me ha costado más de aprender del holandés y de las que, tras años de esfuerzo, estoy orgullosa de haber llegado a dominar. Me costó mucho esfuerzo aprender que el holandés, al igual que las otras lenguas germánicas pone el verbo al final cuando se trata de una frase subordinada. Para evitar confusiones intento no alargar las frases, de ahí que me sorprendiera el comentario de mi colega.

Me ha recordado a un señor epañol que conocí hace muchos años que mantenía la teoría de que los holandeses escuchaban en las conversaciones porque tenían que eperar a que el interlocutor dijera el verbo para entender exactamente de qué hablabla y, solo entonces, podían contestar. Este caballero se impacientaba por la parsimonia holandesa ya que él, como buen mediterráneo, prefería entrar lo antes posible en la conversación y mejor si era simultáneamente con el interlocutor.

La, aparentemente, inocente sintaxis germánica puede llevar a problemas más graves que a la descomunicación intercultural. En el juicio de Nuremberg, cuando Goering soltaba largas parrafadas que leía de folios escritos previamente, el intérprete tenía que esperar a oír el verbo para poder traducir, lo cual provocó alguna vez al impaciencia y la desconfianza de Jackson, el fiscal americano, que le estaba interrogando. Goering estuvo diez días declarando. Mi simpatía va al pobre intérprete que tuvo que realizar tal hazaña como pionero.

Intérpretes trabajando durante el juicio de Nuremberg

Porque pioneros fueron estos intérpretes. El juicio de Nuremberg fue innovador en varias cosas, no solo por juzgar por primera vez criminales de guerra. También fue la primera vez que se usó la traducción simultánea. Hasta Nuremberg solo se practicaba la traducción consecutiva. El hablante hablaba cinco minutos, paraba y entonces se traducía el párrafo durante otros cinco minutos. El resultado final es que se necesita el doble de tiempo. En la traducción simultánea, las cuatro lenguas del tribunal (francés, inglés, ruso y alemán) se oían constantemente por los auriculares.


Traductores usando tecnología de IBM durante el juicio. Gentileza de www.ushmm.org

IBM puso esta tecnología a disposición del tribunal sin cargo alguno , combinando así el patriotismo con la fina nariz comercial americana. Gracias al éxito de la interpretación simultánea en Nuremberg, las Naciones Unidas al iniciar su periplo, le encargaron a IBM la instalación del magno sistema de interpretación de la organización. Un buen pedido.

Y todo esto desencadenado por un simple verbo.

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