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lunes, 15 de abril de 2013

En nombre de Franco

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Acabo de leer En nombre de Franco, de Arcadi Espada.

Aunque el título pueda sugerir lo contrario, estamos ante un libro atrevido y vanguardista tanto en el contenido como en la forma. Un libro muy bueno, un antídoto contra la vagancia mental. Me explico.

El libro es el resultado de cinco años de investigaciones sobre un tema poco conocido en España: los diplomáticos españoles que ayudaron a salvar a ciudadanos europeos judíos durante la II Guerra Mundial. El libro en concreto se centra en el embajador Sanz Briz en el Budapest de 1944. Investigando sobre los documentos que siguen la pista a Sanz Briz, Espada descubre dos cosas que son las que forman la tesis del libro: primero, que el hasta ahora único héroe de Budapest, Giorgio Perlasca, no lo era tanto como él mismo había proclamado y segundo, y más importante para entender el atrevimiento del libro, que Sanz Briz actúo siguiendo órdenes del gobierno franquista. Es decir, que la orden de salvar judíos venía de Franco.

Ante esta tesitura el lector se queda un poco descolocado. No se puede leer este libro volando con el piloto automático. Hay que seguir al autor en sus investigaciones, reflexiones y descubrimientos y seguir leyendo el libro dejando los prejuicios a un lado. Aunque parezca raro que Franco, el cual no se lo pensaba dos veces antes de fusilar a los vencidos, fuera capaz de una buena obra, hay que darle a la manivela y pensar. A eso nos ayuda el mismo autor.

El tema es que salvar a las víctimas del exterminio nazi fue política del gobierno español en los últimos meses de la II Guerra Mundial. La motivación era oportunista: Franco se olía la derrota nazi y quería congraciarse con los aliados, especialmente Estados Unidos. El oportunismo, aboga Espada, no le quita mérito al hecho de que se salvaran vidas, y no pocas. En dos semanas, los nazis húngaros fueron capaces de matar a quinientas mil personas. Pronto se dice, quinientas mil personas. La embajada española en Budapest logró dar salvoconductos y proteger a, al menos, dos mil ciudadanos perseguidos. Primero con la excusa de que eran sefardíes y por tanto españoles. Al final ya cualquiera excusa era buena ante la locura asesina de los nazis húngaros.

El atrevimiento del autor no está en reivindicar la figura de Sanz Briz sino en decir que Franco hizo algo positivo y en poner los puntos sobre las íes al héroe oficial, como era el italiano Giorgio Perlasca. Tal como dice Espada, se portó como un héroe pero se puso más plumas en el sombrero de las que le tocaban.

El libro es vanguardista porque no es un libro de historia al uso. El autor combina la investigación de los hechos con el impacto que le produce el viaje a Auswitchz y sus propias reflexiones sobre las diferentes caras del nacionalismo. La investigación duró cinco años y Arcadi Espada es un tipo curioso, lo cual se nota durante la lectura. En varios momentos de la investigación parece que Espada vaya a seguir a algunos de los otros fascinantes personajes que saltan desde las páginas del libro. Pero el investigador detiene al periodista y le mantiene a raya: sigamos por el camino que nos hemos trazado. Está claro leyendo el libro que Espada podría sacar al menos cuatro libros más con el material que ha ido recogiendo.

Lo que hace la lectura del libro agil y fluída en un tema tan duro como es el que cubre esta obra, es que el autor no ha puesto la exhaustiva documentación en notas a pie de página sino que la ha ido colocando al final del libro con código QR incluído de forma que se pueda acceder a la documentación con un aparato móvil.

El libro en papel es solo una parte de la obra. Le acompaña una magnífica sitio web en el que se encuentra toda la documentación así como las fotos de los personajes que aparecen en el libro. También hay un apartado abierto en el que el autor enumera las pistas sueltas que le han quedado para ver si hay alguien en el mundo que le pueda aportar la información que le falta. En realidad, al ver este formato, me pregunto por qué no todos los libros de historia e investigación se presentan siempre de esta forma. Gracias a este formato, el autor ha podido montar el libro en capítulos relativamente cortos que actúan como cliff hangers, lo cual le da gran agilidad a la narración de las pesquisas, incluídas las reflexiones espadianas.

Se nota en el libro que Espada ha tenido que hacer un gran esfuerzo de selección de material para poder contar su trayecto investigador de forma coherente sin dejarse los matices que le han llevado a escribir un libro en el que mantiene dos tesis tan poco populares (Franco hizo algo bien y Perlasca exageró su papel como salvador). Y la verdad es que lo consigue. El resultado final es una plaza mayor en la que convergen las calles principales de la ciudad.

Es un verdadero placer leer un libro que busca la verdad con pasión y precisión.

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