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jueves, 16 de julio de 2009

La des-integración de René Descartes



Teniendo como tengo un pie en un país y el otro en otro, encuentro mi condición muy feliz, en el sentido de que mi condición es de libertad. (René Descartes, en una carta a la princesa Elisabeth de Bohemia en 1648)

Andando por el barrio adyacente a los Jardines de Luxemburgo, durante mi estancia en París, descubro esta placa en la Rue Rollin, una calle pequeña y poco llamativa pero cargada de historia. En las otras calles del mismo barrio, como la Rue Cardinal Lemoine, Navarre y Mouffetard, se encuentran profusión de placas recordando la presencia de Ernest Hemingway o James Joyce. Huelga decir que esta zona está muy concurrida por turistas estadounidenses

Pero esta placa me llama la atención porque, ahora que se habla tanto de integración y emigración, estas palabras de Descartes, el cual vivió veinte años de su vida en Holanda, son muy actuales.

El número 14 de la Rue Rollin, donde se hospedaba René Descartes cuando no estaba creando en Holanda

Ya de por sí es memorable que a un francés le gustara vivir en Holanda. René Descartes aseguraba que le gustaba el clima holandés y que Francia le parecía demasiado calurosa. Algo inaudito si se cuentan los miles de holandeses que visitan Francia buscando el calor durante todo el año y en especial en las vacaciones de verano.
Descartes dio clases en la universidad de Leiden, tuvo una hija en Holanda y escribió desde allí el Discurso del Método. Desgraciadamente su amor por los climas fríos le resultó fatal porque murió de una neumonía durante su estancia en Suecia, invitado por la reina de este país.
La frase que se conmemora en la placa de la casa de la Rue Rollin declara su des-integración de su país de origen más que su in-tegración en el país donde vive. Es una defensa de la libertad intelectual que ofrece el distanciamiento de las tradiciones y costumbres en las que uno ha crecido. La libertad de crear un mundo nuevo a la medida de uno. La reflexión impresiona porque la incapacidad de desligar el pasado de la identidad propia es el origen de muchos fracasos y frustraciones, a nivel personal, de muchos emigrantes. Y esta actitud personal define, como no, la actitud general de la comunidad. Cuantas veces no se ve una merma de libertad si el emigrante se queda en su grupo de origen en lugar de aprovechar y participar en la nueva sociedad que ofrece tantas nuevas oportunidades.
En realidad, Descartes en esta frase ya está citando el sueño americano; la capacidad de reinventarse a uno mismo. El mismo pasó de ser soldado a ser matemático y filósofo. Si esto no es libertad.

A mí, después de leer esto, Descartes me cae muy bien. Ahora entiendo mejor su declaración de libertad intelectual: Pienso, luego existo.


La Rue Cardinal Lemoin y la Rue de Navarre vistas desde la Rue Rollin

2 comentarios:

Petrus Justus dijo...

Según el telediario holandés de hace unos dos semanas, ya son 1.5 millón de holandeses (y no tan solo miles) que veranean en Francia cada año ... o sea, Descartes es verdaderamente una excepción.

Eugenia dijo...

Un hombre original en muchos aspectos.