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viernes, 27 de noviembre de 2009

Integración por narices


Estoy muy ocupada últimamente porque me ha llegado un proyecto que tiene que estar acabado en enero del 2010. Se trata de escribir en tres meses un curso para aprender holandés en la forma que ahora está de moda: blended learning, que quiere decir que se usan tanto el ordenador como otros medios tradicionales.
El curso forma parte de los cursos llamados de ¨integración cívica¨ que están obligados a seguir los extranjeros que se instalan en Holanda. Solo los ciudadanos de la Unión Europea están eximidos de estos cursos y su subsiguiente examen. Según la ley de Integración Cívica del 2007 todos los extranjeros que no hayan vivido en Holanda en edad escolar tienen que aprender holandés y aprender a comportarse en la sociedad holandesa. Sobre todo los representantes religiosos están obligados a ello. Los cursos los ofrece gratis el ayuntamiento de la ciudad donde vive el recién llegado.

La razón por la que este proyecto tiene tanta urgencia es porque este año se ha modificado la ley añadiéndole diferentes perfiles a los cursos ya existentes. Hay unos cursos de orientación general a la lengua, otros especialmente hechos para los que quieran empezar un negocio y otros de orientación a la sociedad, que es el que me ocupa en este momento. El perfil de orientación a la sociedad está destinado a dos tipos de mujeres. O las muy jóvenes que llegan como ¨novias de importación,¨como se las llamas, es decir, mujeres provenientes de zonas rurales de Marruecos y Turquía que se casan en matrimonios de conveniencia con hombres ya nacidos en Holanda de segunda y tercera generación pero que se prefieren casarse con alguien del país de los padres. O las mujeres que llevan ya muchos años en Holanda pero a causa del aislamiento en el que viven no hablan la lengua ni tienen ningún contacto con la sociedad holandesa. ¿Cómo es esto posible, se pregunta uno que aún ocurra esto? Pues sí, hay unas 10.000 mujeres que encajan en este perfil, según las estadísticas del Ministerio de Integración (o mejor dicho des-integración). Mujeres sin trabajo fuera de casa y que solo se relacionan con el ámbito directo a su alrededor.

La ley provocó revuelo en su momento y aún hoy, sigue siendo una ley un tanto rara en una sociedad tan tolerante como la holandesa. Obligar a alguien a que aprenda el idioma y a saber si se felicita a los que acaban de tener un bebé o se espera unos días (este es el tipo de preguntas que se hacen en el examen) parece una forma de ¨forzar¨ la integración. Algo incomprensible en la sociedad española en la que los emigrantes se integran relativamente rápido.

La gran diferencia radica en que los emigrantes que llegan a España entran rápidamente en el mercado laboral (no hablo en qué condiciones) mientras que los recién llegados a Holanda pueden hacer uso de forma relativamente fácil de las prestaciones del estado del bienestar. Las prestaciones son mínimas pero permiten a un grupo de personas sin destrezas para el mercado laboral actual, sobrevivir precariamente. Eso sí, a costa de encerrarse en el pequeño mundo que les permiten sus magros ingresos y aún más magra vida social.

Cuando veo los objetivos de las lecciones que el equipo de autores estamos escribiendo no puedo dejar de sorprenderme. Según la ley, los recién llegados o ¨viejos¨recién llegados como parádojicamente se conoce a este grupo, tienen que ser capaces de:
- comprar un billete de tren y autobús
- llamar al médico y hacer una cita
- ir a la bibilioteca y hacerse socio
- ir a un gimnasio y apuntarse a una clase
y lo más irónico:
- hacer trabajo de voluntariado.

Sorprendente que a un adulto se le tenga que enseñar cómo se compra un billete de autobús (en holandés, bienentendu). Pero hasta este punto ha llegado la guetificación y el aislamiento de ciertos grupos de emigrantes o ex-emigrantes. En el examen tienen que mostrar el billete de autobús, el pase de la biblioteca y la subscripción al gimnasio. Me hace gracia la ingenuidad holandesa que espera que alguien que vive a nivel de supervivencia tenga algún interés por hacer trabajo de voluntariado. Esto es lo que los holandeses consideran ser buen ciudadano.

La ingenuidad holandesa también se refleja en el escepticismo de los profesores que dan estos cursos y que me han comentado que es imposible que este grupo sea capaz de utilizar el ordenador, una parte integrante del material que mi equipo está haciendo.
En realidad, según las estadísticas, los grupos inmigrantes son los que utilizan más internet. No solo son los grandes usuarios de la red sino de la televisión por satélite. Y cualquiera que tenga una parabólica en casa sabe lo complejo que es el manejo de 2.000 canales. Es lógico que si uno vive de espaldas a la sociedad en la que vive busque todas las formas posibles para seguir en contacto con la sociedad de la que viene.
En realidad, los profesores que en gran parte lo hacen por vocación o solaridad, tienen más problemas en usar el ordenador que los cursistas mismos. Y es porque no tienen la urgencia que da la distancia.

Las investigaciones hechas en países vecinos, como Alemania, demuestran que, desafortunadamente, sino se establecen unas ciertas de exigencias como ha ocurrido en Holanda durante muchos años, la tolerancia favorece la segregación y el aislamiento.

De ahí, que se opte por cursos en los que las mujeres al menos puedan comprar su propio billete de autobús.

2 comentarios:

-.feña.- dijo...

Que interesante.
No sabía que hubiera gente tan aislada que no supiera ni comprar un billete de autobus.
Pero no se pueden saltar el examen? que pasaría si lo hacen?

Eugenia dijo...

Pues en principio tienen que pagar una multa sino siguen el curso y se prestentan al examen. En la práctica aprueba todo el mundo, claro.

un saludo muy cordial desde Holanda