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miércoles, 12 de mayo de 2010

La vida ondulante de Irena Sendler


Irene Sendler, 1910-2008

Como durante años he estado buscando, junto a otros autores, la vida de Aly Herscovitz, un trabajo que desembocó en el blook www.alyherscovitz.com me ha impresionado mucho ver el trabajo de búsqueda de un grupo de estudiantes de un instituto de Kansas en los Estados Unidos. Nosotros recuperamos a Aly Herscovitz, ellos recuperaron a Irena Sendler.

Escribo este post hoy porque se cumplen dos años de su muerte, el 12 de mayo del 2008. La señora Sendler era polaca y había sido durante muchos años trabajadora social. Durante la ocupación nazi salvó la vida de 2.500 niños judíos llevándoselos a escondidas del gueto de las formas más inverosímiles. Desde esconder bebés en cajas de herramientas, a envolverlos como un paquete, hasta meterlos en cajas, toda valía con tal de sacar los niños del hacinamiento al que estaban sometidos. Era la diferencia entre la vida y la muerte.

Irena no era judía y tenía libertad de movimiento para entrar y salir del ghetto de Varsovia. En el año 1943 los nazis la detuvieron y después de torturarla (le rompieron las piernas y los brazos) la condenaron a muerte. Se salvó de la ejecución por que la organización para la que actuabal, la Zegota, consiguió sobornar a sus ejecutores. La Zegota era un organización que se dedicaba a salvar a los niños judíos. Estaba dirigida por el gobierno polaco en el exilio.

Irena Sendler guardaba los datos de los niños que sacaba a escondidas en un archivo propio con la intención de que, después de la guerra, los niños supieran quien eran y de quien eran hijos. Irena escondió estos archivos en frascos de cristal y los enterró bajo un arbol de su casa.


En esta foto de Irena con su hija, se ve al fondo el arbol bajo el que estaban enterrados los frascos.

Cuando le preguntaban a Irena Sendler por qué lo hizo, es decir, por qué arriesgó su vida para salvar a hijos de otros contestó lo que ya han contestado antes otras personas que han realizado actos heroicos: porque no podía dejar de hacerlo. Es decir, porque le salía de dentro. Se le podría llamar el altruismo innato de la especie.
A su altruismo innato la señor Sendler unía unas grandes dosis de modestia y sentido común. Rechazó repetidamente el que ella fuera una heroína porque lo que hacía lo hacía en equipo y apoyada por un grupo de personas comprometidas como ella. Personas a las que ella sobrevivió ya que cuando murió tenía 97 años.
La vida es ondulante

Quien le iba a decir a Irena Sendler que en a sus 90 años, en un pueblo de 300 habitantes en el remoto estado americano, se redescubrirían su existencia y sus actos de hacía sesenta años. Cuando ya su nadie recordaba su pasado, un grupo de estudiantes de un instituto de Kansas iniciaron un proyecto para una de sus clases de historia. Casualmente encontraron el nombre de esta vieja asistente social polaca y empezaron a indagar sobre su vida y lo que había hecho. El proyecto Sendler les fscinó de tal forma que escribieron una obra de teatro La vida en un frasco. Un profesor que vio la representación quedó tan impresionado que ayudó a las estudiantes a buscar patrocinadores para hacer un viaje a Polonia para poder visitar a la entonces, ya anciana, Irena Sendler.
En el 2001 las estudiantes americanas conocieron a Irene Sendler y entablaron una relación con ella que duró hasta su muerte, hoy hace dos años.
Los medios de comunicación se hicieron eco de esta historia que zigzaguea a través del tiempo, de los países y de las culturas.


La visita a este planeta de Irena Sendler no deja de asombrarme.
Su vida estuvo llena de aún más hechos extraordinarios como su candidatura al Premio Nobel de la Paz en el año 2007. El premio se lo llevó aquel año Al Gore. El que dieran el premio Nobel a alguien que argumentaba, con pruebas (pseudo)científicas, que quizás se podría evitar la destrucción del planeta por calentamiento, en lugar de dárselo a alguien que YA había salvado la vida de 2.500 seres humanos, nos obliga a meditar sobre cuales son los criterios para otorgar el Premio Nobel de la Paz. Seguramente que los actos de Irena Sendler no estaban motivados políticamente como los de Al Gore, o quizás sí. Lo que es seguro es que sus actos reflejan la cara solidaria y altruista del ser humano que no se pierde en abstracciones. Una imagen que nos hace falta ver más a menudo para volver a creer en la humanidad después de las atrocidades del siglo XX.

Una verdad incómoda, Al Gore

Se acaban de estrenar dos películas sobre la vida de Irena Sendler. Una es bastante mala, El valiente corazón de Irena Sendler y la otra, muy reciente, En el nombre de sus madres, es un buen documental pero no se puede visionar, al menos de momento, en el circuito comercial.

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