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martes, 3 de junio de 2008

La identidad en el siglo XXI: de Robocop a Montilla


Siempre me han intrigado las personas que tienen muy claro quienes son y que son capaces de llevar su identidad hasta las últimas consecuencias.

Por ejemplo, Buck Angel. Le vi una vez en la televisión holandesa y me quedé fascinada. Buck Angel nació mujer y decidió en cierto momento de su vida que en realidad era hombre. Después de muchos tratamientos y operaciones se convirtió en lo que quería ser por voluntad, no por nacimiento: un hombre. Eso sí, un hombre sin pene. La diferencia entre Buck Angel y otros transexuales es que éste se niega a hacerse una peneplastia y dice que se quiere quedar con su vulva porque un pene falso solo le serviría para hacer pipí. Así que, Angel Buck, se ha convertido en una estrella del ¨entretenimiento adulto¨, según el eufemismo americano, gracias a su aspecto de macho de Hell`s Angels con vulva y vagina.

Dejando aparte lo rocambolesco de su sexualidad, me fascina la determinación de Buck Angel en ser la persona que ha decidido, por voluntad propia, que es. Me fascina esta decisión tan racional e intelectual, no llevada por el impulso de un momento sino basada en una voluntad que le proyecta a su vida a largo plazo y con una voluntad de hierro de pasar por cualquier obstáculo que le impida ser quien quiere ser.

Al menos Buck Angel sabe hasta donde puede llegar porque, actualmente, gracias a la cirugía estética la voluntad de reconstruir el físico es cada vez más imparable. El caso más fascinante de re-crearse el cuerpo según la voluntad de uno es el de Michael Jackson, el cual es un prueba de a lo que puede llevar el liberalismo cuando se combina con exceso de dinero y escasez de sentido común.

¿Será verdad el mito americano de que en Estados Unidos te puedes reinventar y ser lo que quieres ser? Incluso si quieres saltar de personaje a personaje a lo largo de tu vida.



Este es el caso de Peter Weller, un actor conocido sobre todo por su papel en Robocop. Pasados ya los cuarenta, Peter Weller, se fue a la universidad y se doctoró en el arte del renacimiento.Ahora da clases en la universidad de Syracusa en Italia. Y de vez en cuando actúa en una obra de teatro. Peter Weller, que ahora tiene sesenta años, ha decidido ser quien es y con toda resolución cumple su plan.

O el caso de Arnold Zwarchenegger, el cual no solo se hizo primero el cuerpo que quería tener, sino que después ha cambiado espectularmente de oficio, de actor a gobernador (the governator, como le llaman en broma) sino también de nacionalidad. Al igual que Henry Kissinger en los setenta o Madeleine Allbright, el gobernador de California ha elegido por la nacionalidad americana. Esto es, son americanos, por su propia elección, no por capricho del destino.

Oyendo a veces las discusiones sobre la catalanidad de José Montilla no se qué pensar. ¿No es en realidad Montilla un político del siglo XXI, como los americanos arriba mencionados, o como el mismo Sarkozy en Francia? En medio de la globalización parece que el único factor que puede decidir quiénes somos, somos nosotros mismos. La emigración y la globalización aflojan las piezas que parecían estar juntas. Entre las grietas se pregunta uno de nuevo quién es y quién quiere ser. Y hay mucho dénde elegir: lengua (o lenguas), físico, profesión, sexualidad, nacionalidad, estilo de vida y finalmente, estilo de muerte.

Fascinante soledad la nuestra.

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