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sábado, 31 de enero de 2009

PoPuLiSMo y populismo


El periodista Antoni Puigverd escribe en La Vanguardia un ponderado artículo sobre el poder de la palabra en el triunfo de Barak Obama en su carrera a la presidencia. Tal como señala Puigverd, el discurso de Obama entronca con la oratoria tradicional de los predicadores estadounidenses.
Basta escuchar el discurso que hizo famoso a Obama como orador, el conocido Yes, we can hace un año cuando fue elegido candidato por el partido demócrata y compararlo con el discurso de Martin Luther King I have a dream en el 1963.
Se escucha la misma cadencia, la misma energía envolvente y optimista. Se siente la emoción del momento en el que el orador se mete el público en el bolsillo total y definitvamente.


No quiero quitarle méritos a Obama diciendo que sus méritos le vienen dados por la tradición. Al contrario, hay mucho más que esto. En mi opinión el éxito de Obama radica en que se le entiende todo lo que dice.
A los políticos que se les entiende todo lo que dicen normalmente les llamamos populistas. Los políticos de oficio tienen un discurso propio que está normalmente dirigido a los otros políticos, no a la gente normal que tiene que entender como mejor puede los complejos asuntos de estado.
En Holanda, fue Pim Fortuyn el que obligó a la clase política, a la que él llamaba los regentes, a democratizar su discurso. Tanto a él como los partidos que florecieron a su sombra se les consideran partidos populistas. Huelga decir que a todos estos políticos, de mejor o peor calidad, se les entiende todo lo que dicen.

El discurso de Obama me parece, como europea, un discurso populista porque apela a los sentimientos y a las grandes líneas. Sin embargo, a pesar de sentirme manipulada sentimentalmente, no me lo tomo a mal, porque su mensaje es positivo. Me está diciendo que todo va a ser mejor y que con mi esfuerzo y su buen gobierno podemos lograr lo que queramos (sin entrar en farragosos detalles de cómo se va a conseguir tal milagro).

En realidad, el populismo en Europa tiene una connotación negativa porque consideramos que los políticos populistas manipulan los sentimientos negativos del votante, es decir, el odio, el miedo y la desconfianza lo cual solo puede llevar a la discriminación y a la violencia. Ya sea por razones históricas o culturales, los europeos no somos capaces de entusiasmarnos con el corazón, solo con la cabeza. Esto es, cuando se trata de Europa. Porque cuando se trata de Estados Unidos, estamos muy contentos de que éstos hayan elegido a Obama como presidente, un político cuyo discurso no hubiera pasado por el europeo baremo del denostado populismo.


Raro.