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lunes, 12 de octubre de 2009

La revolución en la escritura


Andrea Lunsford, catedrática de lengua y retórica en la Universidad de Stanford


El jueves pasado asistí a un día de estudio, organizado por y para especialistas en lengua, sobre la escritura como parte del currículo escolar en Holanda. Los diferentes ponentes y asistentes estaban de acuerdo en dos puntos: el nivel de escritura en los colegios es penoso y la redacción es prácticamente inexistente como asignatura. Esta opinión venía tanto de inspección, como de los asesores pedagógicos y de los investigadores que se habían dedicado al tema.

Reconozco la queja. Cuando voy a los colegios y sale el tema de la escritura, los maestros sueltan un suspiro antes de decir que no hay manera de que los alumnos escriban algo coherente y original en la clase de redacción. Es una asignatura que levanta poco entusiasmo en el alumnado.

Pero, ¿no será que los alumnos escriben sobre todo FUERA de la clase?

Al menos esto parece, si observamos sin prejuicios el comportamiento de niños y adolescentes a nuestro alrededor, constantemente conectados a la red en su tiempo libre o tecleando fanáticamente en el móvil.

Y si leemos la investigación realizada por Andrea Lunsford. En una entrevista con el periódico holandés NRC, la señora Lunsford afirma que lo más importante es que ahora se escribe. Antes de la llegada de internet se escribía en la clase porque lo decía el profesor o en el trabajo porque lo pedía el jefe. Algunas personas llevaban un diario o escribían incidentalmente una carta e incluso un poema.
Pero esto es, en cantidad, incomparable con los ríos de mensajes de twitter, los millones de blogs funcionando en la red, la activa participación en forums, en hyves, en Facebook y otras redes sociales. Según estudios del 2008 funcionan en el mundo unos 80 millones de blogs. En activo.

Lunsford coleccionó entre los años 2001 y 2006 unos 15.000 productos escritos (desde e-mails a ensayos) de 189 estudiantes. Durante este tiempo fue aumentado enormemente la cantidad de blogs y de productos escritos en las redes sociales. El 38 por ciento de los trabajos recogidos son escritos autopatrocinados es decir, no están escritos por encargo sino por iniciativa propia.

- Esto es la revolución. Nos hemos puesto a escribir por iniciativa propia- afirma Lunsford.

Para esta catedrática de Lengua y Retórica de la Universidad de Stanford la escritura digital es la gran revolución en el alfabetismo desde los griegos.
-El cambio es aún más grande que el de la tradición oral a la escritura. Estamos en medio de esta revolución, todos participamos en ella y cambia cada año-


Pero uno de los argumentos que me parecen más convincentes en el estudio de Lunsford y que creo, es la esencia de la falta de entusiasmo de los alumnos por la escritura en el ámbito escolar es el siguiente: al escribir en un blog, participar en un forum o poner un mensaje en Facebook, tenemos un público, un público real que, muy probablemente, va a reaccionar a lo que uno ha escrito. Esta es la gran diferencia con escribir un trabajo o una redacción porque lo ha mandado un profesor.

En realidad, los medios modernos de comunicación han hecho la escritura, por primera vez, realmente funcional. Lo que antes decíamos por teléfono o de palabra ahora lo escribimos en una pared de una red social, un chat, un microblog o un sms.

En el artículo Performing Writing, Performing Literacy en la revista College Composition and Communication (diciembre 2005)
Lunsford dio ya los primeros resultados de su estudio. Los estudiantes encontraban escribir por encargo de un profesor formal y aburrido. Se trataba a menudo de temas abstracto y que no les afectaban. Y el impacto de lo escrito era nulo porque solo lo leía el profesor. Lo escrito por el alumno no afectaba la problemática.

Los mismo estudiantes preferían la escritura autopromocionada, la cual se encuentra en abundancia en la red, la consideraban más personal, directa y amena. Se trataba a menudo de temas que les apasionaban y para el que había publico al que convencer.

Otro punto que destaca en su estudio es la flexibilidad de los estilos. Así como el texto escrito estaba, antes de la omnipresencia de la red, ligado irremediablemente a la escritura formal (piénsese sino, en los encabezamientos y despedidas de cartas rocambolescos a los que estábamos acostumbrados solo hace unos años), el escritor digital es capaz de variar el estilo según el objetivo de su texto. Por ejemplo, uno no escribe igual un e-mail a su madre, que una invitación a una fiesta a los amigos o una reacción en un blog-forum.

Se podría decir que las nuevas tecnologías han liberado a los textos escritos de sus convenciones, como la fotografía liberó a la pintura de tener que reproducir la realidad de la forma más fiel posible o como el cine liberó al teatro de la cronología y las convenciones realistas.

¿Y la ortografía? que es la otra bestia negra de los maestros. Una destreza que aún va peor que la redacción según lo que se ve en la mayoría de las aulas. Pues, sorprendentemente, según una reciente investigación publicada en Reading and Writing Quarterly, el constante uso del lenguaje de sms, lleno de abreviaturas, ortografía fonética, emoticones y letras sueltas no tiene ninguna consecuencia para la ortografía.
Esta es la conclusión de los investigadores canadienses que han analizado el comportamiento en sms de cuarenta adolescentes entre 12 y 17 años. En otras palabras, por más inentiligible que sea el mensaje en sms no quiere decir que no puedan escribir correctamente en la escuela. Hay cierta lógica en ello. Si uno piensa que para deconstruir algo primero hay que saber como está construido, no es de extrañar que para desmontar una palabra, primero haya que saber como se monta según las reglas.

Con este texto autopromocionado no intento dar con la solución al problema que constatan, y con razón, los maestros tanto en Holanda como en España. Es mi forma impulsiva de comunicarme con un público que sé que está al otro lado de la pantalla para expresarme sobre un tema que me afecta y que a la vez me parece, francamente, fascinante. Veo aparecer un mundo donde cada vez se lee menos, se escribe más, se convive menos y se comunica más que nunca. Qué reto.

Aquí se puede ver una entrevista con Lunsford en el que explica los resultados de su investigación. Está en inglés.

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