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miércoles, 20 de agosto de 2008

El candor español

Aunque en España el gran público no se haya enterado, los españoles han horrorizado a los medios americanos y europeos por su falta de sensibilidad intercultural.

O dicho con otras palabras: según el resto del mundo, los españoles son unos racistas.

La razón es una foto de la selección española de baloncesto alargándose los ojos imitando los rasgos asiáticos.

Los periódicos ingleses y americanos reaccionaron indignados. Los periódicos holandeses, más benevolentes, se debaten en discusiones sobre si los españoles son racistas o simplemente tontos. ¿A quién se le ocurre hacer algo así?, se preguntan en divertido asombro.

Pau Gasol, que juega en los Estados Unidos, se ha disculpado ante los medios americanos, pero esto aún lo ha empeorado. Los periodistas ahora se preguntan como es posible que Gasol haga algo así viviendo como vive en el país que ha inventado el término Politically Correct.

Pero la cosa no acaba aquí. Para acabar de rematar, y después de las excusas públicas de Gasol, el deporte español sin visos de arrepentimiento, va y repite: aparece una foto de los tenistas españoles haciendo el mismo gesto.

En España la reacción general es de extrañeza por la consternación que este gesto inocente y lúdico ha provocado. Con una total ingenuidad, el público español, convencido como está de que "nosotros no somos racistas", solo puede ver como un acto de mala fe esta reacción puritana de los anglosajones. Esto es, los que se han enterado, porque la mayoría ni se ha enterado.

Se puede argumentar que son los países con problemas de racismo los que acusan a España: tanto Estados Unidos como Inglaterra tienen su lista de conflictos y violencias raciales que emergen regularmente.
Pero también se puede argumentar que Espana no es racista porque hasta ahora no conocía el fenómeno de la inmigración masiva, un fenómeno conocido en el Norte de Europa desde los anos cincuenta. No es que los países europeos sientan la diversidad como parte de su identidad, algo que sí se ve en los países con conciencia de su origen inmigrante como los Estados Unidos, Canadá y Australia. Sin embargo los europeos, ya sea por las terribles consecuencias de la discrimianción de la población judía que desembocó en el Holocausto, ya sea porque se han acostumbrado a que "nada más se puede dar por sentado" en cuestión de religión, lengua y tradiciones, han ido aceptando (aunque a regañadientes) que la convivencia entre la población ha cambiado para siempre.

En los países del sur de Europa la inmigración aún no forma parte de la identidad del país. El "otro" está alejado en el espacio y en el tiempo. Recordemos que en Espana (¿aún?)se encuentran productos en el mercado como el Flan Mandarín o Los Conguitos los cuales basaban su comercialización en el exotismo del "otro".



Imágenes que dejan estupefactos a los turistas holandeses que se los topan.

Y qué decir de apellidos como Matamoros y las fiestas de moros y cristianos, la fibra misma de la identidad de tantos pueblos espanoles. Costumbres basadas en el el "otro" histórico.

Productos reminscentes de un tiempo en que la China era un país exótico y Africa un continente lejano. Mientras tanto los otros no son ni exóticos ni lejanos. Con dos horas de vuelo y doscientos euros se plantan en Barcelona. No solo esto sino que además forma parte del paisaje diario: vecinos, tenderos y taxistas son asiáticos y africanos.

El viernes pasado, el 15 de agosto, se celebraba la Festa Major del barrio de Gracia, en el corazón mismo de la ciudad. En un barrio donde la población es de lo más variado me encontré con un gran desfile de moros y cristianos. Los moros con sable para dejar clara la ferocidad del asunto.

A la fiesta se unían los gigantes vestidos de reyes cristianos así como una serie de guerreros ídem.



El desfile se remataba con la presencia de un dragón chino. Hay que añadir que la fiesta se autotitulaba "multicultural".



En medio del ruido y el ambiente festivo, llamaba la atención la alegría y el desenfado de los participantes, todos ellos voluntarios y vecinos del barrio. Es esta inocencia la que explica, argumentaría yo, el incidente de los ojos de chino.

Así como los europeos y americanos han perdido la inocencia en las relaciones interculturales, la gran mayoría de la población espanola no se ha dado cuenta aún de las implicaciones de los cambios demográficos. El despertar llegará cuando las nuevas generaciones nacidas y crecidas en Espana, reivindiquen su lugar en el país como españoles, no como inmigrantes. Va a ser interesante ver este cambio.

2 comentarios:

Jordi Romeu dijo...

Força interessant, crec realment que els espanyols "encara" no son (som a pesar meu) racistes, pero efectivament, esta per veure com acabarà tot això.
Interessants i enigmàtics també els teus curts texts des de Barcelona.
Tens un blog curiós.
Salutacions!

Eugenia dijo...

Hola Jordi,
sí que és un tema interessant. Tindrá molt de impacte a la vida i a la societat en els proxims treina anys. Pensa que a Estats Units i a Canada yo no diuen Happy Christmas, que seria donar per soposat que tothom celebra el nadal cristiá. Ja diuen Happy holydays que no es refereix a cap religió. Son coses que a B encara son inimaginables però que formen part de un proces pas a pas.
La estada a Barcelona em va portar molts records i vaig aprofitar per fotografiarne uns cuants. Espero que els posts no siguin mass enigmátics i no s´entenguin. Són més aviat sentimentals.
abraçada