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lunes, 27 de octubre de 2008

Koosnaampje


Putxi en el Barrio Gótico de Barcelona, 2008

A raíz de un post que escribí sobre los beneficios de Internet para las relaciones familiares, Red, dulce red, recibí un cariñoso mensaje de Marta, mi prima, que vive muy lejos de Rotterdam, confirmándome que ella también estaba más unida a la familia repartida por el mundo gracias a Internet.
Este mensaje me lo escribía usando el diminutivo que usábamos de pequeñas tanto para ella, como remitente, como para mí como destinataria. Me recordó que, en realidad, en mi familia nunca nos hemos llamado por el nombre verdadero, sino que era una tradición familiar inventar otro nombre cariñoso para todos los seres queridos.

No es una costumbre solo de mi familia, evidentemente, sino que es algo muy extendido. En Holanda como no les gusta dejar nada al azar, ya deciden de antemano el doopnaam (nombre de bautizo) y el roepnaam (nombre para llamar). Mi marido, al que sus padres bautizaron con los raciales nombres de Tjeerd y Eedse (doopnamen), no ha sido nunca llamado así por su familia. En la participación de nacimiento ya avisaban que pensaban ¨llamarle¨Theo (roepnaam) el resto de su vida.

En español existe la palabra apodo y en inglés nickname pero no cubren exactamente el mismo significado que las palabras que nos inventamos para llamar a los que queremos. En español sería nombre cariñoso y en inglés name of endearment, palabras terriblemente largas para describir un sonido que casi siempre es un diminutivo. En este sentido me gusta mucho la palabra holandesa koosnaam, o en diminutivo, koosnaampje, que quiere decir `el nombrecito para querer¨ pero que en holandés se puede decir de una tirada.

En la Bélgica flamenca (donde se habla neerlandés) hicieron una encuesta para saber cuáles eran los koosnaampjes más usados. Los tres nombres más usados eran: col (chou), bolita (bolleke)y tesoro (schat). En Holanda se oyen todo tipos de variantes de schat, como schatje (tesorito) y scheetje (caquita).
En el tema cucurbitáceas, los americanos tampoco se quedan cortos. A mi sobrino americano su padre siempre le ha llamado pumpkin (calabaza).
Y, también en el terreno de los comestibles, en Francia he oído chou-chou (col-col) y petit canard (mi patito).


Esta creatividad de los hablantes en sus relaciones afectivas dice mucho sobre la vitalidad de la lengua porque da una medida de que la lengua se uitiliza y que el hablante juega con ella.

Me pregunto cuáles son los nombres más usados en español y en catalán y cómo estamos de creatividad en este sentido. No sé si ha hecho alguna investigación al respecto pero sería una buena buena forma de pronosticar la salud de las dos lenguas.

Xius
Rotterdam, 2008

2 comentarios:

Syl dijo...

Jajajaja! en Francia también petit coeur, jolie coeur, ma biche, ma puce, y un sinfín de palabras que oí cuando estuve viviendo allá.

Eugenia dijo...

Me gusta lo de ¨pulguita¨, suena muy cariñoso. Es cómico ver las naderías que nos decimos cuando estamos en plan afectivo. Me encanta este tema.