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domingo, 19 de octubre de 2008

La objetividad de Charley Toorop


Hoy he ido con mi amigo Peter W. a ver una exposición retrospectiva de Charley Toorop, una pintora holandesa que vivió entre el 1891 y el 1955. Charley Toorop es muy conocida entre el público holandés por la calidad de su obra, porque fue una de las primeras artistas femeninas independientes y porque era hija del también famoso pintor JanToorop.

El museo Boymans van Beuningen en Rotterdam organiza esta exposición que abarca desde el principio de siglo hasta su último autoretrato en 1954. Dentro de su extensa obra que abarca bodegones, paisajes, flores, retratos y escenas populares, llama la atención la cantidad de autoretratos que realizó a lo largo de su vida.


Los retratos, vistos a primera vista, reflejan los cambios en el rostro a causa de la edad. Ha sido al cabo de un rato de mirarlos que me ha llamado la atención lo diferentes que eran los últimos retratos, en los últimos cinco años de su vida, de los anteriores.
En el retrato de abajo (con perdón de la mala calidad de la foto hecha con el móvil) se percibe una nueva profundidad en la mirada. Los ojos reflejan sorpresa, casi aturdimiento ante los cambios de la vida. Es un retrato que hipnotiza. Da la sensación que se pasaba muchas horas mirándose a sí misma, como si se estuviera descubriendo: cada día una arruga nueva, un rebelde mechón más de pelo gris que no había visto hasta aquel momento...



En este otro, (de nuevo con excusas por la mala calidad de la foto) el último que hizo antes de su muerte en 1955, se retrata a sí misma por primera vez de escorzo. La cortina del fondo parece ya un amenazador telón a punto de bajar. La mirada sigue siendo de cierta sorpresa e incluso, aprensión.



Charley Toorop definió su estilo en los años veinte, cuando el expresionismo alemán triunfaba también en Holanda. Concretamente su obra se acerca a la Nueva Objetividad, que va un paso más allá en el realismo expresionista y busca también reflejar la vitalidad del mundo en el arte.

Como esta objetividad se ve más en sus últimos retratos, ya en los años cincuenta, no me ha extrañado encontrar referencias a la enfermedad que le causó la muerte: durante el último años de su vida tuvo varios derrames cerebrales que le provocaron ¨agnosia visual¨. Es decir, que tenía puntos ciegos que no veía bien y no recordaba rasgos de las caras de otros, y seguramente de su propia cara. La mirada de extrañeza no era al paso del tiempo sino a su propia aparición.

La enfermedad confirma la nueva objetividad. Su obra refleja perfectamente su realidad. Es por esto que estos retratos son las obras más humanas y punzantes de toda la exposición.

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