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martes, 7 de octubre de 2008

¡Por el amor de Dios!


Damien Hirst vuelve a asombrar al mundo por su impredecible arte y el aún más impredecible precio que algunos están dispuestos a pagar por sus obras. Por su imagen de una calavera forrada de diamantes, un grupo de inversores ha pagado 75 millones de euros. La calavera que responde al nombre For the love of God va ser exhibida en varias ciudades europeas, empezando por Amsterdam el 1 de noviembre.

Hirst, que ya nos había asombrado en los noventa con el tiburón en formol por el que se pagó también una cantidad exhorbitante, es el artista de vanguardia, justamente por su grandioso éxito, que más dudas y controversia despierta.
¿Es arte o no es arte lo que hace? Yo siempre lo he encontrado asombrosamente original e ingenioso pero, tal como dicen sus críticos, su trabajo también podría ser visto como el truco de un prestigiditador.
Es evidente que este no es el tipo de arte plástico que uno se pone en casa para disfrutarlo un día tras otro, a veces porque se está contento y a veces porque se está melancólico. Por el contrario, el trabajo de Hirst solo tiene sentido como impacto. Sin embargo, el éxito de Hirst puede venir de la accesibilidad de su obra. Es decir, todos quedamos igual de sorprendidos por su obra, no hacen falta grandes piruetas intelectuales para asombrarse ante un tiburón en formol. Es una vez que uno se ha recuperado de la sorpresa de lo que ve, que le empieza la duda de si lo que está viendo es arte o no.



En este sentido la calavera con diamantes es el más representativo de todos los Hirst: ¿qué es sino el guiño de Hirst a la calavera de Hamlet? Hamlet sostiene durante su monólogo la calavera que acaba de encontrar en el cementerio, la calavera del bufón Yorick, el cual le hizo reír tanto cuando vivía.

Hirst ha cubierto la calavera del bufón de diamantes (simbolizando los 75 millones de euros que alguien ha aflojado) y se pregunta: ¿Es arte o no es...arte?.

La respuesta está en cada uno de nosotros.

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